málaga y ronda, entre el mar y la sierra
por: Mayte García Blanco
hace poco menos
de un año, cuando me embarqué en la aventura de elaborar una
guía de turismo de accesibilidad en Andalucía, mis fuertes
eran Málaga capital y Ronda junto con una serie de
municipios costeros. La finalidad, ver la realidad existente
en cuanto a esta materia en los establecimientos
pertinentes. Mi cometido, por tanto, comenzó siendo el de
visitar todos los lugares relacionados con el turismo: qué
ver, dónde comer y dónde dormir.
una guía de
turismo de este calibre tenía que reflejar las posibilidades
existentes en cuanto a accesibilidad y he aquí donde empezó
la incertidumbre que me acompañaría durante los siguientes
meses. Existen establecimientos supuestamente adaptados y
grandes hoteles con elevadores que corrigen las empinadas
escaleras, pero que tienen un problema: no hay forma de
comunicarse con la Recepción para poder solicitar la ayuda
pertinente. Esta realidad hizo aflorar en mi interior un
sentimiento que hasta entonces me era desconocido y despertó
un elevado grado de sensibilidad.
cada
establecimiento visitado solía producirme una sensación de
extrañeza convertida en alivio cuando reunía las condiciones
mínimas necesarias para que una persona con cierto grado de
discapacidad pudiese valerse por sí misma o, en el peor de
los casos, con algo de ayuda. Me preguntaba el porqué de
esta paradoja y cómo estas ciudades, dedicadas
exclusivamente al sector de los servicios y financiadas
concretamente por el turismo, no contaban con las
dificultades que estaban ofreciéndole al colectivo de las
personas con discapacidad. La respuesta no se hizo esperar:
a diferencia de otras zonas de la geografía española, la
Costa del Sol -al igual que varias ciudades andaluzas-
sufrió el auge del turismo en los años 70, un boom de
grandes edificios de apartamentos hoy obsoletos, pero de
igual demanda en temporada alta; por ello muchos
establecimientos no se han preocupado aún por re-novarse y
simplemente reconocen no poder ofertar sus servicios a las
personas con discapacidad.
otro factor
influyente a la hora de no encontrar sitios adaptados es el
grado de antigüedad de la edificación, que no le permite al
propietario dotarlo, por ejemplo, de un simple ascensor o
prescindir de los escalones de la entrada, cuando quizá ése
es el único obstáculo que tienen que franquear quienes se
desplazan en silla de ruedas. Las características
originarias del inmueble limitan su adaptación a los nuevos
tiempos y, por supuesto, a las nuevas demandas. Es lo que
ocurre especialmente en el grupo denominado qué ver, en el
que los monumentos que conforman el patrimonio
histórico-artístico ven limitada su accesibilidad a causa de
su ubicación.
un claro
ejemplo de ello es la ciudad de Ronda; en ella abundan los
rincones que describen la
historia, una historia por la que
han pasado fenicios, romanos, godos, musulmanes y
castellanos, cada uno de los cuales dejó su semilla, que
germinó, pero también quedó atrapada en el tiempo. Otro
botón de muestra son los Baños Árabes que desde el siglo XIV
perduran en la ciudad del Tajo conformándose como unos de
los baños mejor conservados y más interesantes de toda
España; ubicados en el Barrio de San Miguel, no pueden ser
visitados por personas con algún tipo de minusvalía, dado
que su acceso se rea-liza mediante inaccesibles escaleras de
piedra.
de cualquier
forma, el visitante sólo puede optar, en la mayoría de los
casos, por un turismo de calidad, moderno y con todas las
ventajas que ello supone. El turismo ya arcaico de los años
70 ha dejado paso a un turismo residencial en el que priman
las viviendas y complejos turísticos de mayor calidad y
menor impacto visual con el entorno, y con un mínimo de
condiciones impuestas cada vez más por las administraciones,
un mínimo que cada día será mayor gracias a la sensibilidad
que despierta contemplar la realidad existente.