capítulo 3
la herencia genética.
Como principio elemental de genética podemos decir, que cuando los genes de una
hembra y de un macho se unen y ninguno de ellos es “dominante”, se genera un
tercer gen distinto a el de ellos.
Pero sí el de la hembra es el dominante, ese tercer gen portará un gran número
de caracteres del gen-hembra, y el nuevo ser tendrá un gran parecido con la
madre. Todo lo contrario acontece cuando el gen dominante corresponde al padre.
En nuestros genes se portan nuestras características sexuales, las cuales se
transmiten de padres a hijos en una gran mayoría de casos.
Desde hace años una de mis preocupaciones ha sido encontrar una respuesta a las
atracciones sexuales entre varones, lo que me ha llevado a ser un tenaz
observador de todo cuanto estuviera relacionado con este asunto.
Creo estar convencido de que cualquiera de nosotros que se moleste en poner un
poco de cuidado a su alrededor, podrá darse cuenta del enorme peso que tiene la
genética en la transmisión de caracteres físicos o psíquicos entre familiares,
abuelos, hijos, y nietos.
Son pocas las ocasiones en que nos paramos a reflexionar sobre nuestro origen, y
apenas tenemos conciencia de nuestra naturaleza animal, aunque “racional”, pero
al fin y al cabo nuestra reproducción sigue un auténtico proceso animal en el
que arrastramos la mayor parte de nuestros “genes”,pasando estos así a nuestra
descendencia.
A mi alrededor he conocido infinidad de familias en las que se observa una clara
transmisión de caracteres sexuales, y aunque solo reseñaremos los casos más
significativos, invito a todos a la observación, los resultados nos sacarán de
muchas dudas.
imagen de marcialidad
Caminando por la vieja Castilla y más concretamente por tierras vallisoletanas,
tuve la amistad de Indalecio, un varón casado, con bigote y gafas, algo gordito,
propietario de uno de esos negocios en los que cabe de todo – prensa, libros,
golosinas, y algunas cosas más-, y cuya figura transportaba a personajes
eminentemente quijotescos.
Dicharachero, campechano y extrovertido, pronto me dio a saber de toda su
familia. Su padre militar y de profundas creencias religiosas, no ponía trabas
en sus relaciones sexuales, resultando de ello una familia numerosa, hecho que
conlleva aureola de virilidad para el varón.
Es sabido de todos que en las familias numerosas se desarrollan individuos
abiertos a la sociedad, y siendo tantos, siempre suele darse entre ellos algún
miembro algo peculiar, y en la familia de Indalecio también lo hubo, uno de los
varones no podía disimular su tendencia homosexual.
Y he aquí la actuación de padre: la imagen de recto militar de convicciones
religiosas no podía admitir en su familia la homosexualidad, sería un
desprestigio personal y familiar, por lo que se inclina por “rechazar” a ese
hijo.
Pero no solo a uno de los hijos le agradaban las relaciones homosexuales, sino
que mi buen amigo Indalecio también era partícipe de ellas, y fueron algunos los
días en que una vez cerrada la librería nos marchamos al campo para dar rienda
suelta a nuestra sexualidad y disfrutar de la carne.
Pero si analizamos esta familia, resulta chocante que de tres varones, dos de
ellos –al tercero no lo conocí- se sientan atraídos por otros varones, ¿ no
estará en la genética el origen de estos comportamientos familiares ?
Como ya hemos relatado en algún otro capítulo, el desprestigio personal que
supone manifestarse homosexual es tan grande, que infinidad de individuos
intentan ocultar estas tendencias incluso a costa de no desarrollar su propia
vida.
Una de las formas más socorridas para tal fin es entrar en una de esas
profesiones que proyectan la imagen de hombres fuertes y machotes, como
legionarios, monitores de deportes, guardias civiles, policías o militares, y
contrariamente a lo que se pueda creer, en ellas se encuentra un buen número de
homosexuales.
Son muchos los que buscan justificarse ante la sociedad y ante si mismos de que
ellos no quieren cuentas con otros varones, aunque la realidad después demuestra
todo lo contrario.
En el caso que nos ocupa, sinceramente creemos, que en los años mozos del padre
de Indalecio a los homosexuales se les metía “presos” a la más mínima
insinuación, por lo que para ocultar sus inclinaciones homosexuales se refugia
en tres pilares indicativos de virilidad : “familia numerosa, religión y carrera
militar”.
Pero la genética siguiendo sus leyes implacables sacó a luz lo que durante
tantos años ocultó el padre, y la única salida posible que le quedaba era
“rechazar” al hijo por su condición homosexual, aunque el hijo no sea culpable
de aquellos “genes” que el padre puso en el momento de engendrarlo.
cantos
gregorianos
Aquí queremos hacer referencia a otra familia representativa de la herencia
genética en la que el gen del abuelo se transmitió a hijos y nietos.
El abuelo, con cierta betilla bisexual, fue uno de tantos varones que logró
conformar una familia numerosa, la suya con 3 varones y dos hembras, lo que le
sirvió en parte de tapadera social para que pocos pudieran dudar de su
virilidad, pero la genética deja al descubierto muchas de nuestras intimidades.
Al menor de los hijos parecían gustarle mucho las féminas, pero a última hora en
su matrimonio se dieron rupturas y avenencias, lo que no dice nada a su favor.
El mayor de los varones, con aureola de mujeriego, fue uno de los muchos
sacerdotes que ambicionando lujo y libertad marcharon a tierras
estadounidenses, y desde aquellas tierras llegaron demasiadas referencias
homosexuales de ellos.
El segundo de los hijos se hizo comerciante, y en el propio comercio se daban
contactos homosexuales, yo lo sorprendí en uno de ellos con un mayor del barrio.
Sus hijos ya casados han heredado la actividad comercial y también la “betilla”
del abuelo.
con el
paso del tiempo
Ha sido el tiempo, ese que con su paso todo lo cura, el que me ha dado respuesta
a un pequeño enigma que tuve planteado en mis años mozos.
Lo recuerdo bien, porque estas cosas nunca se olvidan. Todo ocurrió cuando en
compañía de un compañero de trabajo bajábamos las escaleras de un bar situado en
una planta sótano.
Equivocadamente y desde siempre, los varones casados han tenido “la coartada” de
ser “hombres casados”, pero los solteros en cambio siempre han despertado
sospechas a cerca de su verdadera sexualidad, y mi compañero a pesar de sus 41
años aún no tenía pareja , por lo que pude oír entre el murmullo de las muchas
personas que tomaban cerveza en la barra, que una decía : “quien es el macho”.
Estaba claro, trató de dejar en el aire un interrogante, ¿ quien de los dos
haría de macho entre nosotros ?
Yo aprecié de que lugar salió aquella voz, pero no supe concretamente de quien,
aunque se trataba de un grupo de 4 amigos bien conocidos míos, pero el
interrogante nunca lo olvidé.
Hacía tiempo que comencé a sospechar de Heliodoro, hoy un gordito setentón, que
por las amistades que anda buscando ha dejado claro que fue él. Para colmo,
nunca se le ve acompañado de su esposa, y si viajando solo en su coche.
Además hay un dicho muy certero que dice: “Solo un gay puede descubrir a otro
gay”, afirmación que a mis años creo bien cierta, y por ello en ocasiones se
dice de una persona : “ESE ENTIENDE”.
Está aceptado, que si “entiendes” es porque estas pendiente de todo cuanto rodea
a la homosexualidad, y si “entiendes” es porque tu también lo eres.
Heliodoro me ha dejado claro en innumerables ocasiones que quiere entablar
amistad conmigo, y aprovecha mis paseos por el campo para abordarme en el camino
y parar su coche para charlar .
Han sido muchas las charlas y los saludos cariñosos al cruzarnos por las calles
del pueblo, tan cariñosos que me hicieron sospechar de él.
El buen Heliodoro es padre de tres varones, dos de ellos cuarentones y solteros,
y el mayor, aunque llegó al matrimonio, hace años corrió por el pueblo que la
mujer le había puesto los cuernos , y la verdad es que son muy pocas las veces
que lo veo acompañando a su mujer.
Hará cosa de unos meses, y durante una conversación en el campo, Heliodoro se
refería a su hijo de nombre también Heliodoro, y decía :
“ Su madre y yo le decimos, ¿ es que no te gustan las mujeres ?, ya tienes edad
para casarte”.
A lo que yo me respondí por dentro, pues no mucho, el padre le ha trasmitido el
“gen” de la bisexualidad.
Aquella conversación acrecentó mis sospechas, pero ha sido en los últimos meses
cuando he podido ver a Heliodoro en demasiadas ocasiones con su coche parado
junto a un banco del paseo donde se sientan dos conocidos homosexuales mucho más
jóvenes y charlando animadamente con ellos, por lo que es más que probable que
busque que alguno de ellos le calme sus ansiedades sexuales.
entre
vecinos
Entre mis vecinos se encuentran dos vitalistas octogenarios a los que por sus
actitudes debemos considerarlos bisexuales.
A uno de ellos le llamamos “Rufo El Chato”, hombre complaciente, de madre
autoritaria y con un buen bigote, a quien le gusta estar entre las gentes, algo
chato de nariz, moreno, gordito y velludo, que camina con bastón, viste boina, y
es padre de cinco hijos.
En su matrimonio dominó su mujer, y ahora viudo, viviendo solo y sin compromisos
de pareja, son muy elocuentes las miradas que muchos días dirige hacia mi
persona, pues tiene reconocido el sonido de mi coche y cuando llego a casa él
sale a su puerta. Tampoco rehuye su mirada cuando yo me fijo en él, pues la
verdad es que me atrae, pero no intento nada, pues “la presión social” en Alfira
es grande y prefiero marcharme a Valencia.
Después de muchos años he comprendido por qué cuando Rufo salía de su casa y se
cruzaba conmigo manoseaba sus “partes nobles”.
Siendo ya cincuentón, acostumbraba igual que nosotros, veinteañeros entonces, a
frecuentar los bares, y como suele ocurrir en las fiestas de Pascua y debido a
la bebida, las veladas resultaban más animadas de lo normal, por lo que cierta
noche se armó una buena jarana en el bar tarareando las canciones de la
sinfonola y la animación de la clientela era tal, que uno de mis compañeros que
estuvo bebiendo durante algún tiempo acompañado de Rufo manoseó en ocasiones su
trasero.
Sus hijas están casadas, pero el lesbianismo de una de ellas es difícil de
ocultar.
Sus dos hijos varones, ya casados, son de mi edad, y sinceramente, los veo
demasiado complacientes y amables conmigo. El mayor, que tiene amistades
homosexuales y se le ve frecuentemente con ellas en el coche, busca cualquier
ocasión para cruzarse conmigo, pues le agrada. El menor cuida de sus naranjos, y en más de una ocasión al cruzarme con él
durante mis paseos por el campo ha tenido gestos demasiado elocuentes, como
ponerse a “cambiar aguas” al percatarse que yo me acercaba.
La bisexualidad puede ser parte de la genética familiar.
Mi segundo vecino, Julián, también octogenario, padre de seis hijos, barriga
pronunciada y cuerpo rechoncho, piel blanca y escasa de vello, tenía una vida
social y familiar un tanto rara, pues jamás se le vio salir de paseo con su
mujer o con amistad alguna, como tampoco acostumbraba a alternar con amistades
en cafeterías o tabernas.
Poco dice a favor Julíán
el que marginara a sus ancianos suegros simplemente por su condición
humilde, llegando incluso a dar la impresión de no parecer los
abuelos de los nietos.
De esta peculiar familia, una de sus cuatro hijas está casada, otras dos
solteras y la cuarta separada y sin hijos, situación acorde con la naturaleza,
que la dotó de caracteres propios de una “machorra”.
Los dos varones de la familia son de mi misma edad, y fueron muchas las veces en
que con cierto ensañamiento sintieron el cinturón patriarcal sobre su piel. En
confidencias ellos nos contaban que durante algún tiempo hubo mañanas que se
pasaban a la cama del padre, y entre juegos y bromas a él le encantaba dejarse
masturbar, e incluso les pedía felacciones.
Ahora viudo y ya liberado de compromisos matrimoniales, cuando se asoma a puerta
de la calle sus miradas dicen mucho de su atracción sexual por los varones. Los
que conocemos de estas cosas, solemos ir muy pendientes de ellas. En el barrio
se ha comentado cierta relación de afectividad entre Julián y un varón
cincuentón que cuida de sus naranjos, que casualmente es dado a las relaciones
bisexuales.
La casa de Julián es grande y difícilmente puede oír llegar mi coche, pero me
tiene cogida las horas y con frecuencia lo encuentro en la puerta con una mirada
fija que solo retira cuando yo también lo miro fijamente a él. Uno de sus hijos, Humberto, siempre fue muy animado en las reuniones entre
amigos, y siendo adolescentes ya nos hablaba de que había ido a Valencia con
otros compañeros a conocer clubs de ambiente homosexual.
Entre bromas y juegos se dieron situaciones en que Humberto manoseaba los
genitales de uno de los amigos, a quien casualmente la naturaleza lo había
dotado de espléndidos atributos.
Su abuelo, por cierto de igual nombre que el nieto, ya lo conocía por sus
acciones, y se manifestaba como temeroso cuando Humberto se le acercaba, pues
hubo ocasiones en que con el pretexto de una broma vimos al nieto palpar la
entrepierna del abuelo, viudo nonagenario a quien recuerdo apoyado en su garrota
blanca. Como confidencia, Humberto nos comentaba que algunas mañanas pasaba al
dormitorio de su abuelo, y jugueteando con él metía mano en sus calzoncillos
para toquetear sus grandes testículos e intentar masturbar su alargado y carnoso
pene, cosa a la que el anciano ya no respondía, y sonriente decía : “eso ya pasó
a la historia”.
Casualidades de la vida, sin desearlo ni buscarlo, conocí de las relaciones de
Humberto con un varón, que por cierto era el amigo o novio de una de sus hijas.
El mayor - Críspulo-, es muy campechano, habla con todo el barrio y tiene la
sana costumbre de acariciar cariñosamente a sus interlocutores, quizás esté
falto de afectividad.
Pudiéramos decir que la genética fue la encargada de transmitir la bisexualidad
familiar.
nicomedes
Se podría encuadrar como genuino ejemplo de la acción genética. Sólo daremos
algunas pinceladas de la personalidad de este varón que ejerció de guardia
municipal en tiempos del generalísimo e inicios de la democracia.
Su imagen es la de un hombre de mediana altura, con todo su pelo en la cabeza,
regordete, blanco de piel, cadera alta y glúteos pronunciados, que hasta su
jubilación siempre lo vimos vestido con el uniforme azul, correaje y gorra de
plato.
Cabe reseñar que se le conocen actuaciones en el municipio caracterizadas por el
abuso de autoridad sobre adolescentes y vecinos del pueblo.
Sin temor a equivocarnos, sus manifestaciones autoritarias muy bien podrían ser
la pantalla que oculte su represión sexual y su verdadera personalidad.
Pero ya hemos dicho antes que en profesiones como legionarios, monitores de
deportes, militares, policías o guardias civiles, en ocasiones se ha buscado el
autoengaño y ocultar la verdadera tendencia sexual.
Una vez jubilado y viudo, Nicomedes marchó a tierras murcianas en busca de un
buen amigo al que conoció durante la mili, y durante la que fueron miembros de
la Policía Militar. Desde entonces allí reside, aunque alguna temporada que otra
la pasa en el pueblo acompañado de su inseparable amigo, setentón como él y
quién no puede ocultar sus tendencias homosexuales.
Las gentes del pueblo comentan “entre dientes” y quisieran saber si la
convivencia ente ambos es amorosa.
Ahora solo nos queda sacar conclusiones, pero casualidades de la vida el hijo de
Nicomedes fue aquel compañero de escuela que maneaba mi colilla y en ocasiones
la saboreaba, y todo por hacerle las “cuentas de multiplicar”.
Ahí queda la pregunta, ¿ arrastrará el hijo los genes del padre?
asuntos de cuernos
Trataremos de exponer aquí otro de los significativos ejemplos de herencia
genética, concretamente el de una familia aparentemente normal con cuatro hijos
varones, el mayor de los ellos sacerdote.
Al parecer se marcharon a Valencia porque tenían grandes problemas, el padre
abusaba del alcohol, y según las gentes del pueblo su mujer de fuerte carácter
autoritario le ponía lo que vulgarmente se llama “ los cuernos”, pues por lo
visto no cumplía con sus obligaciones matrimoniales.
De los hijos sabemos que el menor de ellos es a todas luces homosexual, el
mayor, al que conocía muy bien por ser de mi misma edad, encontró en el
sacerdocio su tapadera sexual, pues ni en la etapa escolar tuvo amistad o
relación con chavala alguna, y el segundo está divorciado, pero recuerdo que era
otro de los compañeros que nos tocaban la colilla a los demás a la salida de la
escuela.
Por todas estas circunstancias, es muy posible que el padre fuese uno de tantos
varones que arrastrado por la presión social hubiese buscado en el matrimonio
esconder su verdadera sexualidad.
tarsisio el valenciano
A este paisano de Requena afincado desde hacía años en tierras albaceteñas, ya
viudo, contaba con 78 años cuando lo encontré sentado en un parque del pueblo en
una calurosa tarde del mes de Julio.
Con su beneplácito me senté junto a él buscando únicamente conversar y
refrescarme durante un rato, pues no adivinaba en Tarsicio nada “diferente”,
pero a lo largo de la charla surgió como era de esperar el asunto sexual.
Nos adentramos en el tema y observé que de vez en cuando dirigía su mirada sobre
“mis atributos”, subiendo así mi temperatura, por lo que alguna vez que otra
manoseé mi entrepierna, y fue entonces cuando él parecía enrojecer, al tiempo
que le agradaba la situación.
Como adultos rápidamente nos entendimos, y me propuso subir a su piso que se
encontraba a trescientos metros del lugar. Una vez en el piso pude disfrutar del
regordete Tarsicio, su buena planta, gafas, voz pausada, y curiosamente unos
brazos muy velludos con los que me acariciaba y se volvía loco.
Entramos en la ducha y concienzudamente comenzó a lavarse el “empeine” y su
alargado y flácido “pito”, pidiéndome después que se lo saborease, labor a la
que no accedí, siendo él quién saboreó durante un buen rato el mío.
En aquel piso convivía con uno de sus dos hijos, Rafael, soltero de 42 años,
quien aún no había conocido mujer alguna, por lo que cabe deducir que el padre
le transmitió una gran parte de su carga “genética”.
los
remollos
La familia de los Remollos son otro claro ejemplo de “herencia genética”. Todos
ellos compartían un espléndido negocio familiar de “guarnicionería y aperos de
campo”, de aquellos que en los años cincuenta eran la envidia de la comarca de
Alfira.
Se pueden reseñar dos características muy significativas en esta familia, una,
que en ella se dejaba la toma de decisiones en manos de las féminas, de marcado
carácter autoritario, y la otra, que prácticamente todos arrastraban cierto
sobrepeso, lo que pudiera ser un indicativo de falta de actividad sexual.
Precisamente, uno de los compañeros de escuela que meneaba las colillas de los
demás detrás de la fábrica de alcoholes era Braulio, miembro de esta familia y
que entre sus amistades pasa por ser mediomaricón.
Otro de los detalles a tener en cuenta en la saga generacional es que ninguno de
los primos y hermanos de Braulio hacen vida en pareja. Solo se esfuerzan por
aparentar que les gusta el sexo contrario, pero todos sabemos que la fuerza del
sexo es tan grande que difícilmente se puede pasar sin desfogar el cuerpo de vez
en cuando.
Si seguimos por la rama ascendente, Pepín, un tío de Braulio, se decidió por el
matrimonio cuando ya contaba con 38 años, por lo que más que matrimonio diríamos
pareja de conveniencia. Ninguno de los hijos de Pepín, dos varones y una hembra,
se ha decidido por compartir su vida en pareja.
Dando un último paso llegamos al abuelo, varón bajito, regordete, campechano y
de buen humor, de quién es posible que heredasen el gen sexual.
Finalizamos dejando en el aire un principio de sexualidad que dice:
“de madre autoritaria, hijo mariquita”.
los
rajoneros
Cerraremos este capítulo con los Rajoneros, familia conformada por 4 hermanos
varones dedicados a la construcción y de los que se tienen claras referencias
homosexuales.
Aunque de todos ellos podríamos comentar actitudes que llevan a pensar en su
tendencia homosexual, aquí solo reseñaremos que siendo yo adolescente el mayor
de ellos y durante unas obras en casa echó mano a mis genitales, aún recuerdo
lúcidamente el lugar y el momento. De él se han comentado en el barrio sus
amoríos con varios vecinos también casados.
Gentileza
Artemio Rosell Pérez