alternativas terapeuticas para la disfunción miccional crónica
En la consulta del urólogo es frecuente encontrar pacientes con alteraciones
miccionales de difícil diagnóstico y categorización. Suelen ser personas con
problemas miccionales de tipo crónico o larga evolución, en las que no se suele
encontrar organicidad en las pruebas diagnósticas efectuadas y que ya han sido
sometidas a múltiples tratamientos (la mayor parte de ellos con resultados poco
satisfactorios).
Para poder entender qué es lo que está sucediendo en todos estos pacientes, es
fundamental conocer el delicado equilibrio de mecanismos fisiológicos reflejos
que se dan en el ciclo miccional. El ciclo miccional normal precisa una fase de
llenado y de vaciado equilibradas. La fase de llenado requiere que el detrusor
sea estable y los mecanismos de continencia adecuados y suficientes. La fase de
vaciado por su parte precisa una contracción del detrusor mantenida y
suficiente, junto con bajas resistencias uretrales. Cualquier alteración en
estos parámetros dará como resultado un ciclo miccional anormal, con
repercusiones clínicas y funcionales para el paciente. Así una alteración de la
fase de llenado dará lugar a síntomas de urgencia, frecuencia e incontinencia
(por inestabilidad del detrusor o bien por afectación de los mecanismos de
continencia). Por otra parte, las alteraciones de la fase de vaciado darán
síntomas de tipo obstructivo, como chorro débil, interrupción, dificultad de
inicio y sensación residual (debidos a mala contractilidad del detrusor o por
altas resistencias uretrales). Este delicado equilibrio es modulado por los
circuitos de integración cortical, los arcos reflejos sacros y la musculatura
del suelo pélvico, por lo que se añaden más elementos al complejo sistema del
control del ciclo miccional (1). Cualquier deficiencia o alteración en algún
elemento de la cadena puede dar lugar a una disfunción miccional.
El papel de la musculatura del suelo pélvico en este equilibrio es fundamental.
El suelo pélvico participa en el ciclo miccional iniciando o
inhibiendo-interrumpiendo éste, bajo control cortical. Así, la relajación
voluntaria mediada corticalmente y vehiculizada por medio del nervio pudendo es
fundamental para iniciar la fase de vaciado, con la consiguiente activación
refleja del sistema parasimpático (nervio pélvico) que conlleva la contracción
del detrusor, y la inhibición simpática (nervio hipogástrico) que relaja el
cuello vesical, consiguiendo de esta forma una micción normalmente coordinada.
Por otra parte, en la fase de llenado, la contracción mantenida del suelo
pélvico inhibe de forma refleja la contracción del detrusor, perpetuándose el
tono simpático que mantiene el cuello vesical cerrado, a la vez que aumenta el
tono de la musculatura periuretral, requisitos necesarios para la continencia en
esta fase (estabilidad del detrusor y altas resistencias uretrales).
Se conoce como
disfunción miccional crónica (DMC) a aquella condición que
afecta a los órganos del tracto urinario inferior o a la musculatura del suelo
pélvico y que altera el normal equilibrio de las distintas fases del ciclo
miccional de forma crónica e independientemente de su etiología. Puede ser
debidas a causas neurológicas, musculares, orgánicas estructurales o funcionales
(cuando no encontramos una causa de dicha alteración funcional con los medios
diagnósticos disponibles a nuestro alcance). Sin embargo, específicamente cuando
hablamos de DMC nos referimos una serie de trastornos funcionales del tracto
urinario inferior derivados de un funcionamiento alterado del sistema nervioso
lo que origina unos reflejos vésicouretrales anormales, por lo que las
manifestaciones clínicas de los pacientes con DMC son diversas, abarcando la
incontinencia de urgencia, el síndrome frecuencia-urgencia y los síndromes
retencionistas con micción obstructiva (2).
Durante muchos años los urólogos hemos visto el tratamiento de la disfunción
miccional y la incontinencia bajo dos únicos puntos de vista: el farmacológico y
el quirúrgico. Así pues, nuestro arsenal terapéutico se limitó (y se limita
todavía en muchos entornos de trabajo) a la pastilla o al bisturí, sin
contemplar otras alternativas que pueden beneficiar a nuestros pacientes.
Disponemos de todo un espectro de posibilidades terapéuticas cuando nos
enfrentamos al problema de la DMC, desde las más sencillas y accesibles (como
las medidas higiénicas), pasando por las que precisan de mayor especialización y
tiempo de dedicación con el paciente (cinesiterapia y biofeedback), hasta llegar
a las opciones quirúrgicas más agresivas. El uso de corrientes eléctricas para
lograr la excitación de fibras nerviosas o musculares se conoce como
electroestimulación, y ocupa un lugar intermedio entre las opciones terapéuticas
más conservadoras y las más agresivas de carácter irreversible (Figura 1).
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Figura 1. |
La elección terapéutica debe seguir siempre una pendiente ascendente, desde las
medidas más sencillas e inocuas a las más sofisticadas y agresivas, pero
consiguiendo siempre los objetivos terapéuticos preestablecidos
(Tabla
I).
Además, es imprescindible tener en cuenta las características físicas,
funcionales, psíquicas y sociales del enfermo, así como su propia voluntad en el
momento de elegir el tratamiento más adecuado de entre los disponibles
(Tabla
II)
(3).
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Tabla I. Objetivos terapéuticos en la DMC
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Protección del tracto urinario superior |
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Ausencia o control de la infección urinaria |
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Adecuado llenado vesical a bajas presiones |
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Adecuado vaciado vesical a bajas presiones |
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Evitar la presencia de catéteres o estomas |
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Adecuada integración social y laboral |
Modificado de Wein, 1998. |
Tabla II. Factores del paciente que influyen en la elección del tratamiento
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Pronóstico de la enfermedad de base |
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Factores funcionales limitantes (minusvalía física) |
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Estado cognitivo y psicológico |
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Motivación personal |
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Rechazo a la cirugía |
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Deseo de evitar catéteres o estomas Actividad sexual |
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Nivel educativo |
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Entorno familiar y social
Recursos económicos
Edad
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Cuando fracasan las medidas terapéuticas iniciales (medidas higiénicas, terapia
conductual y farmacológica) hay que emplear un grupo de tratamientos
alternativos que no implican la agresividad de la aproximación quirúrgica y que
pueden resolver el trastorno miccional que padece el paciente. La
electroestimulación periférica, cinesiterapia pelviana y biofeedback se
encuentran en este segundo escalón terapéutico. Solo si fracasan estas medidas,
plantearemos al paciente las técnicas de neuromodulación central mediante
implante de marcapasos urinario definitivo. Esta es una medida previa al
planteamiento de soluciones quirúrgicas más agresivas que implican alteraciones
anatómicas irreversibles en el tracto urinario inferior, como son la
cistoplastia de aumento o la derivación urinaria.
(Figura 2).
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Figura 2. |
En la
Tabla III
mostramos las distintas soluciones quirúrgicas disponibles en el tratamiento de
la incontinencia y que suponen el paso final en una aproximación terapéutica
escalonada de este tipo de trastornos.
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Tabla III.
Tratamientos quirúrgicos en la Incontinencia Urinaria
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IUGE Hipermovilidad Uretral
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IUGE Deficiencia Uretral Intrínseca
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IU Urgencia |
IU Rebosamiento |
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Suspensión retropúbica Suspensión con agujas Colporrafia anterior |
Inyecciones periuretrales Cabestrillos Esfínter artificial |
Cistoplastia aumento Denervación vesical Derivación urinaria |
Uretrolisis RTUP/TCP Esfinterotomía
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A lo largo de este capítulo vamos a dar un repaso a las distintas alternativas
terapéuticas disponibles en la actualidad para el tratamiento de la DMC.
Medidas complementarias
No pueden considerarse estrictamente una alternativa terapéutica en la DMC, sino
más bien un conjunto de medidas complementarias que suelen añadirse al
tratamiento y sin las cuales en muchas ocasiones no tiene sentido iniciar
tratamientos más complejos.
1. Restricción de ingesta hídrica
Es una medida fundamental en enfermos con frecuencia-urgencia e incontinencia de
urgencia, sobre todo en los casos de nicturia. La nicturia en muchos casos puede
empeorar cuando se le añade un componente de poliuria nocturna por reabsorción
de líquidos (insuficiencia cardíaca, edemas venosos por problemas
circulatorios), malos hábitos dietéticos (excesiva ingesta de líquidos durante
la cena y al acostarse) o por pautas farmacológicas inadecuadas (administración
nocturna de diuréticos, teofilinas, etc.). Es fundamental detectar estos
factores y hábitos no deseados para su adecuada corrección.
2. Medidas dietéticas
El consumo excesivo de xantinas (café, cola, té) aumenta la diuresis y en cierto
modo la excitabilidad del detrusor lo que empeora la clínica irritativa del
paciente.
3. Actuación sobre el entorno
Especialmente los ancianos con dificultad de deambulación se benefician de un
acceso fácil y rápido al retrete, por lo que es muy importante tener en cuenta
estos factores para mejorar la calidad de vida.
4. Diuréticos
Algunos autores (4) describen el uso de diuréticos vespertinos para evitar los
episodios de nicturia, aunque su eficacia en pacientes con vejiga hiperactiva no
está demostrada.
5. Administración de vasopresina
Fundamentalmente utilizada para evitar los episodios de incontinencia nocturna y
nicturia. Pretende disminuir la cantidad de orina que llega a la vejiga durante
la noche, no sobrepasándose de este modo la capacidad funcional de ésta. Debido
al riesgo de retención de fluidos e hiponatremia, debe usarse con precaución,
especialmente en la población anciana (5).
6. Evitar los fármacos que dificulten la fase de llenado o vaciado
Según el trastorno primitivo que padezca el enfermo, es imprescindible obtener
un listado completo de todos aquellos medicamentos que puedan empeorarlo. Así
por ejemplo, evitaremos la utilización de antidepresivos tricíclicos y
calcioantagonistas en un paciente con trastornos de la fase de vaciado.
7. Maniobras físicas para facilitar el vaciamiento vesical
En vejigas hipoactivas o arrefléxicas, es útil indicar al paciente que realice
maniobras de prensa abdominal y de Credé, con el fin de elevar la presión
intravesical en ausencia de contracción del detrusor. Si no existe hipertonía
del cuello vesical o del esfínter, puede ser suficiente para lograr un
vaciamiento adecuado. Por otra parte, se pueden añadir al final del cateterismo
limpio intermitente para conseguir un vaciado vesical completo. En algunos
pacientes con vejigas neurógenas puede ser útil desencadenar una contracción
refleja del detrusor por percusión suprapúbica.
Técnicas de Modificación de la Conducta
Las técnicas de modificación de la conducta incluyen una serie de terapéuticas
que aplican los conceptos de las teorías del aprendizaje a los trastornos de la
conducta6. Son técnicas en general sencillas en su aplicación y carentes de
efectos secundarios, y que pueden ser muy efectivas en pacientes seleccionados.
En el terreno de la DMC se utilizan la micción programada, el entrenamiento
vesical, la adaptación miccional, los ejercicios de suelo pélvico y el
biofeedback. Dado la importancia de estas dos últimas técnicas, las comentaremos
por separado, aunque por sí mismas, constituyen un tipo de terapia conductual.
Micción Programada
El terapeuta marca un intervalo de micciones que debe seguir el paciente. Esta
técnica se utiliza básicamente en pacientes con afectación cognitiva y funcional
(normalmente ancianos). Se les pregunta cada dos horas si necesitan ir a orinar
y se les ayuda si la respuesta es positiva. Las micciones regulares reducen los
episodios de incontinencia en un 50%, desapareciendo los escapes diurnos en casi
un 1/3 de los ancianos ingresados en residencias (7). Existe un componente de
aprendizaje, además de que se mantiene un volumen vesical por debajo de la
capacidad máxima funcional.
Adaptación miccional
Se trata de una variante de la técnica anterior, que se aplica especialmente en
pacientes que viven en residencias de ancianos con afectación funcional y
cognitiva. Se pauta un diario de micciones que intenta adaptarse a los episodios
de incontinencia, procurando anticiparse a éstos. El paciente rellena con ayuda
de sus cuidadores un diario miccional que incluye los episodios de
incontinencia, y el terapeuta prescribe un programa miccional que se adelante a
éstos episodios (8).
Entrenamiento vesical
El entrenamiento vesical fue iniciado por Frewen (9, 10) y consiste en un
programa en el que el paciente realiza un diario miccional a partir del cual va
espaciando progresivamente las micciones. Al paciente se le suministra
información adecuada sobre el aparato urinario y su funcionamiento, y se le
instruye acerca de como realizar un diario miccional. Si el paciente tiene
escapes cada dos horas, se pautan micciones cada hora y media. Cuando consigue
la continencia, se aumenta en 15 minutos el intervalo miccional, hasta alcanzar
la continencia. Así sucesivamente, hasta conseguir intervalos miccionales
aceptables para la calidad de vida del paciente. Está indicado en la DMC por
hiperactividad del detrusor o sdr. frecuencia-urgencia, descartando procesos
obstructivos o trastornos del vaciado. Existen dispositivos comerciales
portátiles que se programan de forma automática según el diario miccional del
paciente y que avisan al paciente en el momento en que debe realizar la micción
(Acutrainer™ de Urosurge®), facilitando el cumplimiento del entrenamiento
vesical y evitando confusiones al paciente.
Es útil asociar a esta técnica ejercicios del suelo pélvico, ya que en muchas
ocasiones el paciente tendrá que contraer el periné para evitar un escape
indeseado. De esta forma se refuerza la musculatura que conseguirá detener el
chorro miccional y por otra parte, activará el reflejo inhibidor perineo-detrusoriano.
También puede añadirse biofeedback vesical para incrementar los resultados del
entrenamiento miccional (3).
Alarmas de cama húmeda
Son dispositivos electrónicos que constan de unos sensores que se adaptan a las
sábanas de la cama o a la ropa interior y que con la humedad de la orina
disparan una alarma que despierta al paciente. Se utilizan sobre todo en niños
con enuresis. Su finalidad es que el niño se despierte justo cuando empieza la
micción y que aprenda a detenerla. Su eficacia oscila entre el 60-100%, aunque
la tasa de recidiva es alta (en torno al 30%) (11).
Técnicas de relajación
No son terapias conductuales, sino técnicas psicoterápicas que enseñan al
paciente a reducir el nivel de ansiedad que se encuentra frecuentemente
aumentado en este tipo de trastornos miccionales crónicos. Aunque se escapan al
objetivo de este capítulo, cabe destacar el método de Jacobson, el método de
Kretschmer y el entrenamiento autógeno de Schultz. Este último ha sido muy
utilizado, y se trata de conseguir que el paciente logre aprender a relajar
miembro a miembro todo su cuerpo, enseñando posteriormente al sujeto a regular
su sistema nervioso vegetativo a través de diferentes sensaciones de frío,
calor, respiración, latido cardíaco, etc. (6). Tiene similitudes con algunos
ejercicios del yoga.
Cinesiterapia
Los ejercicios del suelo pélvico constituyen una parte fundamental en los
tratamientos de reeducación vésicoesfinteriana. Fueron descritos inicialmente
por Davies, aunque fue Arnold Kegel quien los popularizó y detalló en 1948 (12),
conociéndose desde entonces como "ejercicios de Kegel". Su programa de
ejercicios consistía en una serie de contracciones progresivas del elevador del
ano bajo supervisión directa, e incluía un sistema de biofeedback sencillo que
consistía en un perineómetro que recogía el aumento de presión intravaginal. De
este modo, la paciente era consciente de la intensidad y duración de la
contracción de su musculatura pélvica, a través del cambio de presiones
observado en el perineómetro. Su serie inicial cifra una tasa de curación del
80%, aunque sin especificar el tiempo de seguimiento (13).
Numerosos autores han aplicado los principios de los ejercicios del suelo
pélvico para tratar los problemas de incontinencia urinaria de esfuerzo, con
numerosas variantes en cuanto a la frecuencia, duración y complementación o no
con técnicas de biofeedback, con una eficacia que
oscila entre el 17 y el 84%
(14-24). Esta gran variabilidad en la eficacia referida por distintos autores
está con relación a los distintos criterios de "curación" o "mejoría" empleados,
los distintos regímenes fisioterápicos empleados, tiempo de seguimiento de los
pacientes y asociación o no con otros tratamientos alternativos
(fundamentalmente biofeedback y electroestimulación). Por término medio, podemos
aceptar que la cinesiterapia perineal resuelve de forma completa la
incontinencia femenina de esfuerzo en el 20% de las pacientes, observándose una
mejoría significativa en el 50-75% (25).
La cinesiterapia del suelo pélvico pretende fortalecer la musculatura del suelo
pélvico y enseñar al paciente a utilizarla. Es útil tanto en la incontinencia de
esfuerzo genuina como en la mixta y la motora, pues tiene un doble mecanismo de
acción:
1. Refuerza el sistema de sostén que se encuentra debilitado en los trastornos
de la estática pelviana. Aumenta la capacidad contráctil del elevador del ano,
fortaleciendo las fibras de tipo I (contracción lenta, alta resistencia) y las
de tipo II (contracción rápida, fatiga rápida). Así pues permite lograr un
adecuado sostén y cierre vesical durante el llenado, y soportar los aumentos de
presión vesical que pueden aparecer durante los esfuerzos.
2. Consigue la inhibición del detrusor mediante la contracción voluntaria del
periné (activando el reflejo 3 de Mahony o perineo-detrusoriano) (26). Mediante
la contracción del suelo pélvico el paciente es capaz de inhibir la aparición de
contracciones involuntarias del detrusor y de abortar las ya establecidas,
consiguiendo un mayor control de los escapes en la incontinencia mixta y de
urgencia motora.
Aunque no vamos a entrar en detalles sobre como se deben realizar los programas
de cinesiterapia pelviana, ya que sobrepasa los objetivos del capítulo, conviene
esquematizar las fases de que consta (27):
1. Fase de información: es muy importante explicar al paciente de la forma más
comprensible la fisiopatogenia de la incontinencia, los componentes anatómicos
básicos y la función de la musculatura perineal. Es imprescindible crear un
clima de confianza con el enfermo, e implicarlo de forma activa en el
tratamiento. La motivación y la constancia son los elementos fundamentales del
éxito.
2. Fase de identificación: es una etapa fundamental y difícil, ya que muchos
pacientes no saben localizar correctamente su periné, y ante la orden de
contracción activan grupos musculares diferentes (incluso los abdominales,
antagonistas del suelo pélvico). Las técnicas de biofeedback pueden ser muy
útiles en esta fase, ayudando a la correcta localización de los grupos
musculares adecuados en pacientes con mala integración del periné en su esquema
corporal.
3. Fase de terapia activa: consiste en la realización repetida de una serie de
contracciones lentas, rápidas y contra resistencia de la musculatura perineal.
Algunos autores utilizan tubos de Pyrex lastrados con cargas progresivas o conos
vaginales para estos ejercicios.
4. Fase de mantenimiento: es necesario mantener los ejercicios de forma regular,
ya que la mejoría que se obtiene en la fase activa puede perderse en 10-20
semanas si se abandonan los ejercicios.
Conos vaginales
Descritos por Plevnik en 198528, consisten en una serie de conos lastrados
gradualmente que se introducen en vagina y que deben mantenerse en su interior
por contracción de la musculatura pélvica (Figura 3). En bipedestación la acción
de la gravedad y la presión abdominal hacen que el cono tienda a salirse de la
vagina, lo que provoca un estímulo aferente sensitivo que detecta la paciente,
respondiendo con una contracción pélvica. Existe un cierto componente de
biofeedback asociado a éste método de entrenamiento del suelo pélvico. Los
estudios iniciales mostraron mejorías del 70% en las pacientes tratadas (29,
30). La mayor ventaja de este sistema es su facilidad de uso, fácilmente
comprensible y utilizable por la enferma en su propio domicilio. Sin embargo, el
peso máximo del cono que puede soportar no siempre se correlaciona con la fuerza
de la musculatura perineal, ya que determinadas angulaciones o prolapsos
vaginales pueden hacer que quede alojado en la vagina sin posibilidad de que
caiga por la gravedad o la presión abdominal, desapareciendo cualquier estímulo
para que se contraiga el periné.
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Figura 3. |
Biofeedback
Las técnicas de biofeedback consisten en recoger los signos biológicos del
organismo y traducirlos en una señal sensitiva perceptible que cambia de
intensidad según las propias variaciones del sistema biológico analizado. El
sujeto recibe la señal (señal de reaferentización sensorial) y tiene así ocasión
de aprender a modificar y regular por autocontrol la variable biológica afectada
(6).
Las técnicas de biofeedback han sido empleadas en campos muy diversos de la
medicina: control del pulso o presión sanguínea, relajación de músculos
espásticos, asma bronquial, migrañas y cefaleas tensionales, tics, abolición de
extrasístoles ventriculares, etc. Aplicadas a la DMC, las técnicas de
biofeedback son útiles para ayudar a fortalecer o relajar la musculatura
perineal y para controlar las inestabilidades vesicales.
Es fundamental que sea un único terapeuta el que inicie las sesiones con el
paciente. Las condiciones generales que deben reunirse para lograr el éxito con
estas técnicas son (31): 1) postura afable y cercana del terapeuta; 2) postura
receptiva y confiada del paciente; 3) capacidad del terapeuta para hacerle
comprender los ejercicios y como tiene que modificarlos; 4) voluntad del enfermo
para reproducir en su domicilio los progresos conseguidos en el gabinete; 5)
ambiente de trabajo tranquilo y sin interrupciones; 6) equipo de registro e
instrumentación amigable con el paciente; 7) sesiones de suficiente duración y
frecuencia; 8) sistema de recompensa (mejoría clínica) que estimule al paciente
en su progreso; 9) confianza en el éxito del tratamiento.
Existen básicamente tres tipos de biofeedback aplicados a los trastornos vésico-esfinterianos:
biofeedback muscular, vesical y vesico-esfinteriano.
1. Biofeedback muscular
Se aplica en conjunción con la cinesiterapia pélvica. Con electrodos de
superficie o bien con electrodos vaginales o anales se recoge la actividad
muscular del suelo pélvico, que se amplifica adecuadamente y se muestra al
paciente por medio de una señal luminosa, auditiva, o bien con gráficos
integrados en la pantalla de un sistema informático. Los equipos más completos
disponen de dos canales: un canal registra la actividad del suelo pélvico
(electrodos anales o vaginales), y el otro registra la actividad de grupos
musculares antagonistas (electrodos de superficie abdominales): la información
que dispone el paciente es mucho más completa, de forma que puede contraer o
relajar específicamente un grupo muscular concreto, observando si realiza
incorrectamente el ejercicio (utilizando los músculos abdominales en lugar de
los perineales). Esto es muy importante, ya que la realización inadecuada de los
ejercicios no solo no conseguirá mejoría clínica, sino que la empeorará con el
fortalecimiento de músculos antagonistas (27). El biofeedback asociado a la
cinesiterapia no solo ayuda a la realización correcta de los ejercicios, sino
que es especialmente útil en aquellos pacientes que tienen dificultades en la
localización de la musculatura perineal. Por otra parte, los pacientes que
realizan los ejercicios con biofeedback presentan una mejoría clínica más rápida
que los que hacen solo cinesiterapia (32). El biofeedback muscular también se
puede emplear para conseguir una correcta relajación de la espasticidad de la
musculatura perineal, frecuente en cuadros de vaginismo, mialgia del suelo
pélvico, etc.
2. Biofeedback vesical
Se utiliza para el tratamiento de la hiperactividad del detrusor. El objetivo es
que el paciente perciba el inicio de las contracciones involuntarias y sea capaz
de inhibirlas mediante una contracción perineal voluntaria (reflejo 3 de Mahony
o perineo-detrusoriano). Se necesita un equipo de urodinámica que permitirá el
registro de la presión vesical, la abdominal y la actividad del suelo pélvico
mediante trazado electromiográfico. El paciente puede observar el aumento de la
presión del detrusor con el inicio de la contracción involuntaria, por lo que
será capaz de reconocerla y efectuará entonces una contracción perineal
voluntaria (que observará y podrá modular según el trazado electromiográfico
visible) para inhibirla. La visualización gráfica de la contracción del detrusor
ayuda al control progresivo consciente.
3. Biofeedback vesico-esfinteriano
Se utiliza en el síndrome de la micción no coordinada (pseudodisinergia
vesicoesfinteriana). En esta DMC existe una relajación inadecuada del esfínter
uretral externo durante toda o parte de la micción, produciéndose un flujo
miccional muy bajo. Para esta técnica de biofeedback monitorizaremos la curva
flujométrica y la actividad de la musculatura perineal mediante electrodos de
superficie (31). Inicialmente el paciente debe aprender a localizar su esfínter
externo, a contraerlo y relajarlo. Cuando ya lo tiene incorporado a su esquema
corporal, registraremos simultáneamente el trazado flujométrico y el
electromiográfico durante la micción, de modo que el paciente va aprendiendo a
relajar su esfínter durante la misma. Los resultados oscilan entre un 42-80% de
curaciones y un 22% de mejorías aproximadamente (33-35).
Farmacoterapia
No siendo el objetivo de este capítulo, es inevitable sin embargo nombrar al
menos cuáles son las posibilidades farmacológicas de que disponemos a la hora de
tratar la DMC. Siguiendo un enfoque funcional (3) podemos clasificar el
tratamiento farmacológico según la fase del ciclo miccional sobre el que actúan:
fármacos que facilitan la fase de llenado (aumentando la capacidad vesical o la
resistencia uretral) y los que facilitan el vaciado (aumentando la
contractilidad vesical o disminuyendo la resistencia uretral).
En la
Tabla IV
se resumen estos datos.
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Tabla IV.
Tratamiento farmacológico en la DMCC
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FACILITANDO EL LLENADO VESICAL |
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Aumentando la capacidad vesical |
Aumentando la resistencia uretral |
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Anticolinérgicos Relajantes musculares Antagonistas del calcio Inhibidores de las Prostaglandinas Betaestimulantes Alfa-bloqueantes Antidepresivos tricíclicos DMSO
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Agonistas alfa adrenérgicos Antidepresivos tricíclicos Betabloqueantes, Agonistas beta-2 Estrógenos
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FACILITANDO EL VACIADO VESICAL |
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Aumentando la Presión intravesical y/o contractilidad vesical |
Disminuyendo la resistencia uretral |
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Agentes parasimpaticomiméticos Prostaglandinas Antagonistas opioides |
Alfabloqueantes Relajantes músculo estriado Benzodiazepinas Dantroleno Baclofeno Toxina botulínica |
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DISPOSITIVOS FÍSICOS
Obviamente constituyen medidas paliativas para la DMC, pero que son en muchas
ocasiones imprescindibles para aportar soluciones temporales o complementos
definitivos a otros tratamientos instaurados.
Incluimos en este apartado los dispositivos mecánicos de drenaje vesical, de
oclusión uretral y de recolección/absorción de orina.
1. Sonda vesical
Utilizable de forma permanente o en forma de Cateterismo Limpio Intermitente (CLI),
es el dispositivo básico utilizado cuando queremos vaciar adecuadamente la
vejiga en los cuadros retencionistas. Puede utilizarse el sondaje suprapúbico
cuando sea preciso mantenerlo de forma permanente, obviando las complicaciones
locales de la sonda uretral.
2. Prótesis uretrales
Inicialmente propuestas por Shah y cols., su función es la de eliminar la acción
de un esfínter externo hiperfuncionante que provoca problemas de vaciado, ya que
se ubica en esta zona. Ha sido utilizado fundamentalmente en lesionados
medulares con disinergia vésicoesfinteriana36. Se han desarrollado dispositivos
uretrales femeninos, con válvula accionada por control remoto, y que son útiles
en mujeres con detrusores hipoactivos o vejigas acontráctiles. Consiguen
vaciamientos vesicales aceptables al accionar la apertura de la válvula, con
continencia durante el periodo de cierre valvular (37). Los múltiples problemas
técnicos encontrados y el coste de estos dispositivos hace que no se haya
extendido su uso.
3. Colectores urinarios
Ampliamente utilizados especialmente en pacientes con vejiga neurógena. Cuando
no existe riesgo asociado de altas presiones del detrusor o residuos altos,
estos dispositivos son mejores que la sonda vesical ya que evita el riesgo de
infección y de lesión uretral de ésta; aporta obvias ventajas sobre los
absorbentes (más tolerable estética e higiénicamente, así como evita la humedad
de la piel perineal, fuente de complicaciones locales); sin embargo, su
aplicación inadecuada puede crear problemas locales en el pene por presión
excesiva (úlceras, problemas tróficos, linfedema) y en muchas ocasiones no es
posible utilizarlo por la insuficiente longitud peneana. No se ha desarrollado
todavía un dispositivo colector externo adecuado para las mujeres.
4. Absorbentes
De múltiples tallas y formas para adaptarse a las condiciones del paciente, se
trata de una medida paliativa que no debe dejarse de lado en ciertos pacientes
no susceptibles de tratamientos suplementarios. Por otra parte, suponen un
complemento fundamental para la incontinencia que padecen muchos pacientes con
DMC.
5. Pinzas peneanas, pesarios y otros dispositivos de cierre uretral
Su función es puramente de oclusión mecánica de la uretra, como medida paliativa
en la incontinencia de esfuerzo. No suelen funcionar de forma adecuada en las
mujeres, mientras que en los hombres, precisan de un pene de longitud suficiente
para poder colocar la pinza.
ELECTROESTIMULACIÓN
La electroestimulación consiste en la excitación de las fibras nerviosas y
musculares mediante la aplicación de estímulos eléctricos. Su aplicación en el
campo de la incontinencia urinaria pretende restablecer el equilibrio
vésicouretral actuando sobre los diferentes elementos musculares implicados y
los reflejos miccionales alterados.
Recuerdo histórico
La electroestimulación aplicada a la incontinencia urinaria se inició en los
años 60 con Caldwell, aunque fue Bors quien describió la influencia de la
electroestimulación sobre el suelo pélvico (38). En 1963 Caldwell comunicó la
implantación de electrodos anclados en el suelo pélvico que se activaban por
radio-inducción de un generador subcutáneo acoplado a una antena externa de
radio, en dos enfermas (una con una incontinencia fecal y otra con incontinencia
de urgencia de larga evolución), con resultados satisfactorios (39).
Posteriormente, en una serie de 31 mujeres con incontinencia Caldwell observó
una mejoría significativa en el 30-80% de los casos utilizando estos implantes
(40). A partir de entonces, diferentes investigadores diseñaron diferentes
electrodos de aplicación externa, que obvian la necesidad de cirugía y de
implantación de un material extraño en el organismo, con resultados clínicamente
similares (41, 42).
Los estudios experimentales de Fall y cols. en felinos y humanos fueron
fundamentales para comprender los mecanismos de acción de la electroestimulación
en la incontinencia (43-45): la electroestimulación intravaginal en felinos
provocaba la contracción de la uretra y la inhibición de la actividad del
detrusor. Por otra parte, según la frecuencia utilizada, se conseguía una mayor
inhibición del detrusor (a frecuencias bajas, de unos 10 Hz), o una mayor
contracción y cierre uretral (a altas frecuencias, 50 Hz). Así pues, se sientan
las bases para tratar un tipo de incontinencia u otro según la frecuencia que se
utilice: bajas (10 Hz) para la hiperactividad del detrusor, altas (50 Hz) para
la incontinencia de esfuerzo y medias (20Hz) para la IU mixta (46).
Inicialmente, la electroestimulación funcional se aplicó mediante electrodos
vaginales o anales en pautas domiciliarias, a bajas intensidades de estímulo
(menos de 12 v), durante varias horas al día (6 a 8) y varios meses (3 a 6).
Esta pauta se conoce como electroestimulación de larga duración.
En 1978 Godec y Cass introdujeron el concepto de electroestimulación
funcional máxima aguda (47), que consiste básicamente en la realización de
sesiones ambulatorias (10-20) de 20 o 30 minutos de duración a la intensidad
máxima tolerable por el paciente, mediante electrodos anales, vaginales o
cutáneos (o cualquier combinación de éstas). Una tercera forma de administración
de la electroestimulación fue introducida por Plevnik y cols en 1986, conocida
como estimulación domiciliaria de corta duración (48), y en la que se
consigue un compromiso entre la estimulación máxima ambulatoria y la crónica
domiciliaria: mediante el uso de generadores eléctricos portátiles que se
conectan a un electrodo vaginal o rectal (Figura 4 ), el paciente se somete a
sesiones de 20 minutos a intensidades de estímulo relativamente altas (la máxima
que tolere). Los efectos son más rápidos que con la estimulación domiciliaria
crónica, pero inferiores a los conseguidos con la estimulación máxima
ambulatoria (46).
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Figura 4. |
Por otra parte, a finales de los años 50 algunos investigadores empezaron a
interesarse en un nuevo concepto: conseguir el vaciado vesical mediante
estímulos eléctricos, centrando este objetivo en el tratamiento de los problemas
de vaciado de vejigas neurógenas de lesionados medulares (49). En 1954 se
realizó el primer implante de electrodos directamente en la pared del detrusor,
publicado 10 años más tarde por Boyce y cols. (50). Durante la década de los 60
se desarrollaron algunos sistemas de estimuladores directos del detrusor, pero
los problemas técnicos (migración de los electrodos a la vejiga) y los
resultados mediocres hicieron que el procedimiento fuera abandonándose.
Se buscó la aplicación de los electrodos fuera de la vejiga, sobre distintas
localizaciones nerviosas que enviaran el estímulo eléctrico a través de las
terminaciones nerviosas al detrusor. Nace en los años 60 el concepto de
electroestimulación central (Neuroestimulación). Así, en 1967 Burghele y
cols. consiguieron provocar micciones en pacientes lesionados medulares tras
implantar estimuladores sobre los nervios esplácnicos pélvicos (51). En el mismo
año, Habib y cols. implantaron estimuladores en los nervios sacros segmentarios,
con éxito temporal (52). En 1972 Nashold y cols. introdujeron un estimulador que
actuaba sobre el cono medular, aunque los resultados fueron discretos, y no se
continuó esa línea de investigación (53, 54).
En la década de los 70 en Londres se empezaron a realizar estudios de
estimulación de las raíces sacras sobre monos.
Tras los éxitos experimentales obtenidos, Brindley efectuó el primer implante de
estimulador de raíces sacras anteriores en humanos en Julio de 1976, con
resultados discretos. Por otro lado Schmidt y cols. (55) en la Universidad de
California, San Francisco, describían en 1978 sus resultados experimentales en
perros, consiguiendo micciones tras estimular de forma aguda las raíces sacras
anteriores, y realizaban el primer implante en humanos en 1981 (56).
Tras una serie de implantes utilizando esta técnica (57) se empezó a plantear la
necesidad de interrumpir el arco reflejo medular mediante la sección de las
raíces sacras posteriores, con lo que se conseguía aumentar la capacidad vesical
y se eliminaba la hiperreflexia. Fue a partir de 1986 cuando Sauerwein (58)
incorporó la sección de las raíces posteriores de S2 a S4/S5 a la técnica de
estimulación de raíces anteriores.
Tipos de electroestimulación
Existen muchas formas de aplicar las corrientes eléctricas para el tratamiento
de la incontinencia, lo que puede crear confusiones al abordar el tema.
Clasificaremos las distintas técnicas según el lugar de aplicación del estímulo,
la naturaleza del mismo y el mecanismo de acción.
Podemos diferenciar básicamente (59):
Electroestimulación Central (Neuroestimulación).
Electroestimulación Periférica.
Electroestimulación Interferencial.
Neuromodulación.
Marcaremos brevemente las diferencias fundamentales entre ellas, así como las
variantes existentes actualmente de cada técnica, para describir posteriormente
con detalle cada una.
Electroestimulación Central (Neuroestimulación)
Consiste en la aplicación directa de estímulos eléctricos sobre las raíces
sacras anteriores para lograr la contracción del detrusor y el vaciamiento
vesical. En inglés se conoce por las siglas SARS (Sacral Anterior Root
Stimulator). Se utiliza en vejigas neurógenas de lesionados medulares.
Electroestimulación Periférica
El estímulo eléctrico se aplica superficialmente sobre piel o mucosas (anal,
vaginal o vesical). La electroestimulación anal y vaginal provoca la contracción
de la musculatura del suelo pélvico y la inhibición del detrusor, una u otra con
mayor intensidad según la frecuencia eléctrica empleada (inhibición del detrusor
con bajas frecuencias y contracción de la musculatura del suelo pélvico con
altas). La estimulación mediante electrodos intravesicales provoca la
contracción del detrusor para facilitar el vaciado vesical. Existen tres
técnicas de administración: la estimulación domiciliaria de larga duración, la
máxima ambulatoria y la domiciliaria de corta duración.
Un tipo especial de electroestimulación periférica es la ExMI (Extracorporeal
Magnetic Innervation) (60): consiste en la aplicación de campos eléctricos en el
territorio del suelo pélvico que se transforman a nivel local en pequeños
impulsos eléctricos que desencadenan contracción muscular. Esta contracción
muscular repetida es la que produce el fortalecimiento del suelo pélvico,
obviando la necesidad de introducir electrodos en vagina o ano. Se realizan
sesiones de 20 minutos al día, de forma ambulatoria, 2 sesiones semanales
durante 6 semanas, habiendo descrito mejorías clínicas en el 77% de las
pacientes tratadas por incontinencia de esfuerzo. Son necesarios seguimientos
más largos para establecer la eficacia de este método.
Electroestimulación interferencial
Consiste en la aplicación mediante electrodos de superficie de corrientes con
forma de onda sinusoidal de alta frecuencia (unos 4.000 Hz). Se basan en el
principio de que cada onda tiene una diferencia de frecuencia de unos pocos Hz
(entre 1 y 100 Hz), y que al cruzarse las ondas en la profundidad del organismo
se producirá una nueva corriente profunda con una frecuencia que es igual a la
diferencia entre las dos. Así, en superficie, el paciente nota la sensación
atribuible a una corriente de alta frecuencia (mejor tolerada y con escasa
resistencia al paso eléctrico), mientras que en profundidad la corriente actúa
con frecuencias bajas (más efectivas, pero menos toleradas si se aplicaran en
superficie). Su eficacia no está consensuada en la actualidad (61) (Figuras 5).
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Figura 5. |
Neuromodulación
Consiste en la estimulación eléctrica de fibras nerviosas con el fin de regular
los reflejos vésicouretrales. Según el lugar de aplicación y la naturaleza de la
fuente de estimulación, podemos diferenciar:
1. Neuromodulación central: el estímulo eléctrico se aplica sobre las raíces
sacras a través de los agujeros del hueso sacro, normalmente estimulando S3. Se
emplea un solo electrodo que se implanta quirúrgicamente a este nivel, conectado
a un generador de impulsos que se ubica subcutáneamente (Figura 6).
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Figura 6. |
2. Neuromodulación periférica: se utilizan electrodos de superficie para enviar
aferencias sensitivas que regularán los reflejos vésicouretrales alterados.
Existen dos variantes: el SANS y el TENS.
3. Neuromodulación magnética: aplicando estímulos magnéticos externos sobre las
raíces sacras se consigue inhibir la contracción del detrusor en vejigas
hiperrefléxicas (62).
En la
Tabla V
esquematizamos las variantes de neuromodulación existentes.
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Tabla V.
Tipos de Neuromodulación
|
NEUROMODULACIÓN |
|
Central
Interstim
|
Eléctrica Periférica
TENS SANS |
Magnética Estimulación magnética funcional |
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ELECTROESTIMULACIÓN PERIFÉRICA
Mecanismo de acción
La electroestimulación del suelo pélvico ejerce su efecto fundamentalmente
provocando una respuesta muscular refleja, aunque también produce una
contracción muscular local por estimulación directa de los axones más próximos
al electrodo estimulador.
La aferencia sensitiva vehiculizada por el nervio pudendo provoca un arco
reflejo motor que tiene su vía eferente por el propio nervio pudendo. Este es el
mecanismo que se activa cuando utilizamos la electroestimulación para el
tratamiento de la incontinencia de esfuerzo.
Por otra parte, la electroestimulación del suelo pélvico produce relajación del
detrusor por dos vías reflejas: una aferencia sensitiva pudenda con eferencia
inhibidora a través del hipogástrico, y otra vía que tiene por aferencia el
nervio pélvico y como eferencia inhibidora el hipogástrico. Por otra parte,
sabemos que la contracción perineal provoca de forma refleja la inhibición del
detrusor (reflejo 3 de Mahony o perineo-detrusoriano) (Figura 7).
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Figura 7. |
Así pues, sabemos que para la electroestimulación periférica es necesario
disponer de un arco reflejo sacro intacto, ya que las respuestas reflejas que
produce la electroestimulación no son posibles si éste se encuentra alterado.
Existe un mecanismo de acción local que aparece con la electroestimulación con
electrodos endovesicales. Con esta técnica se intenta provocar una respuesta
muscular del detrusor por estimulación endovesical directa.
Indicaciones
Incontinencia genuina de esfuerzo, inestabilidad del detrusor, incontinencia
urinaria mixta.
Hipoactividad y arreflexia del detrusor: aplicando electrodos endovesicales.
Esta variante no ha dado resultados satisfactorios, por lo que ha sido
prácticamente abandonada.
Formas de aplicación
Para poder utilizar esta terapia se precisa de un equipo básico formado por un
generador eléctrico y unos electrodos. El generador eléctrico puede ser portátil
y de pequeño tamaño (para tratamientos domiciliarios) o de mayor tamaño y con
parámetros eléctricos más flexibles y programables (utilizados en los
tratamientos ambulatorios). Los electrodos pueden ser anales, vaginales,
intravesicales y cutáneos. Los más utilizados son los anales y vaginales.
Existen tres formas de aplicación
(Tabla
VI):
-
Crónica o de
larga duración: el tratamiento se efectúa en el domicilio del paciente, con
equipos portátiles de manejo sencillo, con bajas intensidades de estímulo
(menos de 12 v), durante varias horas al día (6-8) y varios meses (3 a 6).
-
Máxima aguda:
se realiza de forma ambulatoria, con equipos clínicos especializados, con
una intensidad de corriente mayor y que es la máxima tolerable por el
paciente, en sesiones de 20-30 minutos, con un total de unas 20 sesiones.
-
Domiciliaria
de corta duración: con equipos portátiles de pequeño tamaño, el paciente se
aplica en su domicilio corrientes de mayor intensidad en sesiones de 20
minutos, 3-4 semanales, completando unas 20 sesiones.
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Tipo VI.
Tipos de electroestimulación funcional
|
ELECTROESTIMULACIÓN FUNCIONAL |
|
PERIFÉRICA |
INTERFERENCIAL |
|
Eléctrica |
Magnética |
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3. |
Según la frecuencia:Alta (50 Hz)Baja (10
Hz)Media (20 Hz) |
ExMI |
|
5. |
Según el régimen:Máxima agudaCrónica Corto plazo
domiciliaria |
|
|
Los parámetros utilizan dos
variarán según el efecto terapéutico que busquemos: así, las frecuencias altas
entre 50 y 100 Hz son más efectivas para lograr la contracción del suelo pélvico
(útil en el tratamiento de la IU de esfuerzo), mientras que las bajas
frecuencias (entre 5-10 Hz) producen una inhibición más efectiva del detrusor
(objetivo terapéutico en las inestabilidades del detrusor) (43-45). Por otra
parte, las frecuencias intermedias (20 Hz) cubren el compromiso surgido con las
incontinencias mixtas: producen una contracción adecuada del suelo pélvico con
una inhibición aceptable del detrusor
(Tabla VII).
|
Tabla
VII.
Usos terapéuticos de la Electroestimulación funcional
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EEF: Usos Terapéuticos |
|
INCONTINENCIA DE ESFUERZO |
INESTABILIDAD DETRUSOR |
VACIAMIENTO VESICAL |
|
ExMI EEP alta frecuencia |
EEP baja frecuencia EE Interferencial |
EEF intravesical |
|
El tipo de corriente debe ser bifásica de media nula, para evitar efectos de
electrolisis y depósito de iones. La longitud del impulso varía entre 0,2 y 0,5
ms. La amplitud (intensidad) variará según la modalidad terapéutica que
utilicemos: la máxima tolerable sin sentir dolor en la máxima aguda, y baja
escasamente sensible en la crónica de larga duración. La duración del tren de
ondas será de al menos 0,5 segundos, siendo el tiempo de reposo entre dos trenes
el doble del tiempo de trabajo, para evitar la fatiga (63).
Efectos secundarios y contraindicaciones (59)
Los
efectos secundarios son escasos y poco frecuentes. Su principal
ventaja frente a otros tipos de tratamiento es su inocuidad, no habiéndose
descrito complicaciones severas con este tipo de tratamiento. En general, es
bien tolerada por el paciente. Algunos refieren dolor perineal e hipogástrico,
que suele desaparecer con el tratamiento. Pueden aparecer dermatitis en pieles
sensibles y mucositis (anal o vaginal). Por otra parte, en pacientes obesos, la
transmisión eléctrica puede ser deficiente debido a la alta impedancia del
tejido graso. Una causa importante de rechazo es la intolerancia psicológica del
paciente a utilizar electrodos anales o vaginales.
Existen pocas
contraindicaciones para su aplicación. Una de ellas es el
uso de marcapasos cardíaco, por la posible interferencia en su normal
funcionamiento, así como los pacientes que padecen arritmias cardíacas. La
presencia de heridas cutáneas o en proceso de cicatrización en la zona de
estimulación contraindica su aplicación, ya que retrasa el proceso de
cicatrización. En los pacientes con lesiones medulares la electroestimulación
puede desencadenar crisis de disreflexia autonómica, por lo que hay que actuar
con cautela en estos casos. La existencia de una neuropatía periférica severa o
de una denervación completa del suelo pélvico supone un impedimento serio para
que actúe correctamente la electroestimulación funcional, por lo que supone una
contraindicación para su uso.
Resultados
Son muy variables en función de las series analizadas. Debido a la gran variedad
de formas de aplicación y regímenes utilizados, así como la falta de uniformidad
en cuanto a la severidad de la incontinencia y a los criterios de curación o
mejoría empleados, es difícil realizar un análisis comparativo de las distintas
series. En general, se puede aceptar algún grado de mejoría en el 35 al 60% de
los pacientes tratados con electroestimulación periférica (61), aunque algunas
series hablan de curaciones/mejorías superiores al 80%.
En el tratamiento de la incontinencia de esfuerzo se precisan de altas
frecuencias (50-100 Hz) e intensidades altas (> 25 mA) para conseguir tasas de
éxito del 50%. De todas las series, cabe destacar el único ensayo controlado con
placebo, que objetivó una mejoría significativa en los síntomas de las
pacientes, el número de escapes al día y los gramos de orina en el pad-test, en
el 62% de las enfermas, aunque solo el 20% consiguieron estar secas (64).
Por otra parte, su efectividad en la inestabilidad del detrusor es del 45 al
91%, sin embargo solo una tercera parte de los pacientes mantendrá los buenos
resultados a largo plazo (65).
NEUROESTIMULACIÓN
La neuroestimulación consiste en la aplicación de un estímulo eléctrico sobre
las raíces sacras para provocar la contracción del detrusor y con ello el
vaciado vesical. Su indicación fundamental es la vejiga neurógena secundaria a
lesión medular. Se conoce también como SARS, del término anglosajón "Sacral
Anterior Root Stimulation".
La neuroestimulación comenzó a utilizarse también en campos distintos a la
urología, sobre todo en el tratamiento del dolor crónico, los movimientos
involuntarios (temblor y discinesias), la espasticidad y los problemas
respiratorios secundarios a lesión neurológica (66).
Como se he comentado previamente en el recuerdo histórico, el estímulo eléctrico
para conseguir el vaciamiento vesical en pacientes con lesión medular empezó
aplicándose directamente en vejiga. Sin embargo, los problemas locales
suscitados por esta técnica, hicieron que los investigadores buscaran otras
localizaciones más apropiadas que fueran más efectivas y con menos
complicaciones potenciales. Así, se colocaron electrodos en los nervios pélvicos
esplácnicos, en los nervios sacros segmentarios, cono medular y en raíces sacras
anteriores. Fue esta última localización, iniciada por Brindley en Londres en
(1976) y seguida por Schmidt y Tanagho (1982) en San Francisco, la que mejores
resultados clínicos obtuvo, y la que fue posteriormente adoptada por el resto de
investigadores.
La vejiga neurógena con más riesgo para la función renal es la hiperrefléxica
con o sin disinergia vésico-esfinteriana asociada. En estas situaciones se
producen altas presiones vesicales (por la baja acomodación vesical y las
contracciones involuntarias) que ponen en peligro el tracto urinario superior
(reflujo e hidronefrosis), residuos miccionales altos (por la disinergia) que
condicionan infecciones de repetición e incontinencia urinaria. Así pues, el
objetivo fundamental del tratamiento es preservar la función renal, evitar las
infecciones y conseguir una continencia adecuada. Para ello es imprescindible
conseguir una vejiga de una capacidad adecuada con acomodación normal. Esto se
consigue mediante rizotomía dorsal (sección de las raíces sacras posteriores),
con lo que se cortan las aferencias sensitivas y se interrumpe el arco reflejo
sacro. Para obtener un vaciado vesical adecuado hay que efectuar un segundo
paso, que es estimular eléctricamente las raíces anteriores (motoras) sacras, lo
que inducirá la contracción del detrusor (Figura 8).
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 |
Figura 8. |
Indicaciones y Requisitos
(67)
Son necesarios dos prerequisitos: 1) una vía nerviosa intacta entre el núcleo
pélvico sacro medular y el detrusor, y 2) un detrusor con capacidad contráctil.
La indemnidad del arco reflejo sacro puede establecerse por la presencia de
contracciones del detrusor durante la cistomanometría, y la presencia de un
reflejo bulbocavernoso y cutáneo anal positivo, y erecciones reflejas. Si no se
detectan contracciones del detrusor, una causa posible puede ser el daño
exclusivo de la vía aferente, por lo que se puede intentar la estimulación
directa de los nervios sacros para elicitar la contracción del detrusor (que se
monitoriza mediante cistomanometría). Así, Brindley utiliza electrodos
transrectales, mientras que Schmidt y Tanagho utilizan electrodos de aguja a
través de los forámenes sacros S2, S3 y S4.
La estimulación eléctrica de las raíces anteriores es dolorosa, por lo que
solamente pacientes con lesiones completas (o casi completas) son candidatos a
ella (68).
Una vejiga de baja acomodación no es contraindicación para la neuroestimulación,
si bien ésta debe ser funcional (secundaria a hiperreflexia), ya que si es
estructural (de tipo inflamatorio o infiltrativo) no mejoraría con esta técnica,
suponiendo además una contraindicación. Puede ser útil el uso de
anticolinérgicos o de bloqueo espinal para valorar si la baja acomodación es
funcional o estructural.
El reflujo vésicoureteral no es una contraindicación, sino que por el contrario
los pacientes con hiperreflexia del detrusor y reflujo asociado suelen mejorar
de éste último tras la intervención.
Los pacientes con disreflexia autonómica severa pueden mejorar, ya que la
sección de las raíces posteriores interrumpe el estímulo que provocaba ésta
(siempre que la zona "gatillo" se localizara a nivel de vejiga o recto).
Está indicada esta técnica en las lesiones medulares traumáticas completas e
incompletas, y las no traumáticas establecidas (no progresivas), cuando hayan
fracasado las medidas terapéuticas conservadoras, planteándose como un paso
previo (o alternativo) a la cistoplastia de aumento.
En las lesiones medulares traumáticas completas conviene esperar entre 6 meses y
un año antes de decidir el implante, tiempo en el cual el enfermo y el urólogo
probarán otras medidas terapéuticas. Nunca es tarde para realizar un implante
(se han efectuado implantes más de 25 años después de la lesión medular).
En las lesiones medulares incompletas el tiempo de espera es mayor (al menos dos
años) para esperar una estabilización definitiva del déficit neurológico. En
estos casos hay que valorar que los pacientes suelen tener sensibilidad en
dermatomas perineales que quizás no quieran perder con la rizotomía. Si queremos
obtener una adecuada acomodación vesical con eliminación de la disinergia, es
preciso realizar una rizotomía dorsal ampliada que conllevará necesariamente
pérdida de sensibilidad perineal. Por otra parte, los pacientes con sensibilidad
sacra conservada pueden experimentar dolor si procedemos a estimular las raíces
anteriores sin efectuar una rizotomía dorsal.
Por otra parte, las lesiones medulares no traumáticas son susceptibles de esta
técnica, siempre que no sean debidas a patología degenerativa progresiva, es
decir, deben tener déficits neurológicos establecidos y no evolutivos. Pacientes
con mielomeningocele son candidatos a este tipo de estimulación, siempre que la
lesión sea alta y no provoque cambios anatómicos significativos en la médula y
raíces sacras que van a ser manipuladas, ya que las dificultades técnicas
impedirían la correcta identificación de las raíces a estimular o seccionar.
Obviamente, si el paciente presenta un detrusor acontráctil de causa miógena
(frecuentemente secundaria a sobredistensión crónica), no es candidato a este de
tratamiento.
Hay que mencionar que los pacientes pediátricos tampoco son candidatos a este
tipo de implantes, ya que los electrodos no crecen en longitud con el desarrollo
del niño.
En resumen, ¿qué pacientes se benefician más de esta técnica?
-
Mujeres, ya
que no existen dispositivos colectores adecuados para ellas.
-
Pacientes
con hiperreflexia y baja acomodación vesical.
-
Pacientes
con ITU de repetición y reflujo vésicoureteral.
-
Los
parapléjicos se benefician más que los tetrapléjicos, ya que éstos últimos
tendrán que continuar utilizando algún dispositivo colector por la falta de
movilidad en extremidades superiores.
-
Varones con
erecciones pobres o ausentes: los varones con erecciones reflejas pueden
perderlas con esta técnica, ya que la desaferentización sacra por rizotomía
dorsal interrumpe el arco reflejo de la erección.
Técnica de implantación
(69, 70)
Existen dos formas de realizar la estimulación de las raíces sacras anteriores:
la vía intradural (diseñada por Brindley utilizando los estimuladores de
la casa Finitech®) y la extradural (ideada por Schmidt y Tanagho
utilizando los estimuladores de Medtronic®). Describiremos brevemente las dos
técnicas.
La intervención se realiza con anestesia general, evitando los relajantes
musculares y utilizando anestésicos de acción corta que produzcan mínima
relajación muscular (como el isoflurano). El paciente se coloca en decúbito
prono con almohadas sobre el vientre para enderezar la columna lumbar, estando
las caderas ligeramente flexionadas y las rodillas formando un ángulo de unos 30
grados. Es fundamental visualizar durante la intervención los glúteos, el ano y
las extremidades inferiores para poder observar las respuestas musculares
elicitadas por los estímulos sobre las raíces nerviosas.
Se practica una incisión media de L5 a S4 (acceso extradural) o de L3 a S2
(acceso intradural), profundizando por planos hasta la fascia de Scarpa. Ésta se
incide en la línea media, se separan los músculos paraespinales hasta acceder a
la cara posterior del hueso sacro y vértebras lumbares. Se efectúa una
laminectomía sacra de S1 a S4 (extradural) o laminectomía de L3-L4 a S2 (vía
intradural).
En la vía extradural se separa la grasa que cubre las raíces y se disecan éstas
identificándolas según las respuestas neuromusculares que se obtienen al
estimularlas. En la vía intradural se incide la duramadre y la aracnoides,
visualizando las raíces y procediendo también a su identificación. Para
identificar correctamente las raíces se realiza estimulación monopolar,
monitorizando el aumento de presión vesical que se produce con la contracción
del detrusor provocada.
En las dos técnicas es necesario efectuar una rizotomía dorsal de S2 a S5, que
se realizará por vía intradural si ésta ha sido la técnica elegida, y por vía
intradural o extradural en el caso de la técnica extradural. La vía intradural
precisa de la apertura de la duramadre (con las posibles comp