cama especial para
parejas con alguna limitación física o discapacidad.
Viviana
Esguerra, quien trabaja en el Programa de Derechos Humanos y
Discapacidad de la Vicepresidencia de la República, envía un
análisis sobre el tema que bien vale la pena publicar.
Alguien que va en
silla de ruedas tiene particularidades diferentes que alguien que
camina con sus dos piernas. Pero también un zurdo las tiene respecto
de un diestro; un obeso respecto de un flaco; un feo, respecto a un
guapo; un salado, respecto a un soso... Cada cual con sus
limitaciones; pero también con sus recursos y habilidades, va por la
vida y vive su sexualidad como mejor puede y sabe.
Corría el año
1990, y tenía lugar en Salamanca el Doctorado en Sexología y un
curso sobre sexualidad. Se escuchó entonces la frase "yo tengo la
silla de ruedas en el culo, no en la cabeza", de los labios de un
chico con una lesión medular.
Esta frase deja medianamente claro que no es lo mismo tener la silla
de ruedas en el culo, que en la cabeza. Más aún que es muy mala
suerte tener que llevarla bajo el culo, pero que aún es peor
llevarla de por vida dentro de la cabeza. Nos va muy diferente en la
vida, cada uno con su muy particular biografía, según donde llevemos
las cosas y según qué cosas llevemos en nuestra mochila. Porque,
efectivamente, hay muchas cosas que es mejor llevar en el culo;
mientras que otras se llevan bastante mejor en la cabeza.
Pero, ¿dónde llevar el sexo? Porque también el sexo, como la silla,
puede llevarse en varios sitios; y no es lo mismo. Cada cual con su
minusvalía lleva el sexo donde lo lleva. Donde puede, donde sabe,
donde quiere. Pero las consecuencias son muy diferentes. Ahora bien,
lo llevamos donde lo llevamos en razón de cómo lo definimos y de qué
tenemos en la cabeza cuando decimos sexo.
Botellas medio
llenas y botellas medio vacías
Evidentemente alguien aquejado por una discapacidad, una incapacidad
y/o una minusvalía tiene problemas en el terreno erótico. Pero
también tiene soluciones. Tiene limitaciones, pero también tiene
posibilidades. Tiene dificultades, pero también tiene oportunidades.
Tiene obstáculos, pero también tiene recursos.
Si uno se define por lo que no tiene, por lo que le falta o por lo
que no puede, se convierte a sí mismo en una "botella medio vacía".
Y al contrario, si uno se define por lo que sí tiene o por lo que sí
puede, se convierte a sí mismo en una "botella medio llena".
Al final parece que tanto el contenido como el continente son lo
mismo, pero no es lo mismo ser "botella medio vacía" que ser
"botella medio llena". Unos tienen la silla en la cabeza (lo cual es
un problema), mientras que los otros tienen la silla en el culo (lo
cual es un recurso que les permite la movilidad que sus piernas no
tienen).
Suele suceder que las personas con limitaciones acaban odiando lo
que más debían valorar: su cuerpo y sus recursos (la sonda, la
silla, la bolsa, la muleta, etc.). Pero es importante que caigan en
cuenta que si odian las herramientas que les facilitan la vida y la
más valiosa de ellas (el cuerpo), difícilmente podrán gozar, sentir
y vivir las posibilidades de su sexualidad. Quien se define por lo
que no puede, no dedica sus energías a disfrutar, vivir y sentir
aquello que sí puede.
Aquel que ya no tiene erecciones sigue excitándose y sí posee
sentimientos. Y aquella que no siente sensaciones en las piernas, sí
que las siente en sus senos, sus axilas o sus labios. Y este otro
que supuso que nunca más volvería a penetrar a su chica, descubrió
las inyecciones intracavernosas y está encantado porque su pene se
mantiene erecto más tiempo que nunca. Y esa otra ha descubierto un
truco para ser penetrada sin quitarse la sonda. Y aquel otro,
parapléjico él, descubrió las posibilidades de poner el arnés de su
grúa a su chica con motivos lúbrico- festivos. Y el que se asustó
tanto porque tuvo un intenso dolor de cabeza en su primera
eyaculación, se toma de vez en cuando un antimigrañoso y está
tratando de embarazar a su chica mediante el "sistema tradicional".
Y esta pareja ha descubierto que la cama con mando a distancia tiene
muchas más posibilidades que las que aparecían en el catálogo. Y
estos dos, aunque parezca increíble, están exultantes por su
embarazo de seis meses. Y esa mujer de los grandes pechos se ha
reconciliado por fin con su condición femenina y la reivindica
incluso en su vestir atrevido y escotado.
Y aquel otro se masturba porque, aunque no siente con su pene la
mano, si siente con su mano el pene. Y aquella otra deja sus muletas
apoyadas en la cama y no corre las cortinas cuando se cambia la
ropa. Y este joven adolescente bromea desde la silla con sus colegas
bípedos porque su perspectiva visual de los movimientos glúteos de
esa hermosa y cimbreante muchacha es la envidia de todos.
Todos ellos, cada uno de ellos, no son menos válidos que nadie.
Saben que no tienen lo que no tienen, pero eso no les impide
disfrutar de lo que sí tienen. Porque no se definen por lo que les
falta, sino por lo que son. Y descubren sus límites, como los demás,
experimentándolos.
La discapacidad física no
invalida como hombre o como mujer:
no elimina la capacidad de desear ni
de ser deseable; no anula la capacidad de conocer a alguien y de
convivir y de compartir; no borra la capacidad de proporcionar y
sentir placer. Incluso, al contrario, puede servir de punto de
acercamiento, de ocasión o trampolín para abrirse a las necesidades
del otro, para detenerse y merodear en las sensaciones, para
explorar nuevos horizontes y ensayar otras posibilidades que, de
otro modo, quizá nunca se buscarían.
Pero, sobre todo, una
discapacidad no quita ni minusvalora la identidad:
el ser y hacerse, sentirse y vivirse,
expresarse y actuar como hombre o como mujer. La discapacidad es una
circunstancia más o menos grave en la vida, pero no lo que nos
estructura como sexos.
Curiosidades entre parejas de discapacitados
En Salamanca durante la Asamblea General de Sexología causaron
cierta expectación (y benevolencia) dos parejas. Una de ellas estaba
compuesta por un informático con parálisis cerebral y su novia, con
la que estaba próximo a casarse. En algún momento se llegó a pensar:
¿se darán pena mutuamente? Si lo ves andar, y lo hace tan lento, que
crees que está a punto de desplomarse en tus propias narices; y, sin
embargo, había conducido durante cuatrocientos kilómetros en su
propio coche. ¡Qué valor! Ahora, de ahí a la boda, ¡qué ganas!
La otra pareja estaba protagonizada por una joven con parálisis
cerebral, con una deambulación extremadamente rápida y muy
imprecisa... ¡Bueno, pues estaba casada con un joven! ¿Extraño, no?
Y además tenían una preciosa hija de cuatro años... Durante la cena
uno no dejaba de intuir cómo fue posible ese "encuentro".
A las personas que les sobreviene una discapacidad pasan por un
proceso de adaptación, de aceptación de lo sucedido y de asumir la
realidad de la pérdida.
La sexualidad de las personas con discapacidad tanto congénita
(cardiopatías, deformaciones, espina bífida), como adquirida (lesión
medular, esclerosis) puede verse afectada sobre todo en su función
reproductiva. Pero, ¿qué sucede con el deseo sexual de las personas
que sufren algún tipo de discapacidad? La idea de no ser una persona
sexualmente atractiva y, por tanto, la pérdida de la deseabilidad,
independientemente del sexo al que se pertenezca, es propia de los
primeros momentos del proceso adaptativo y, en ocasiones, de
determinados períodos evolutivos (adolescencia, edad adulta) de las
personas con discapacidades congénitas. Se debe trabajar con las
actitudes sexuales y aspectos como: ¿la persona afectada se siente
deseable?, ¿se considera una persona sexuada?, ¿qué expectativas
sexuales tiene?
Romper las denominadas "barreras actitudinales" puede ser una tarea
tan difícil de llevar a cabo, como superar los problemas que las
barreras arquitectónicas presentan a las personas con movilidad
reducida.
Las personas con limitaciones físicas y mentales, y sus respectivas
parejas, pueden y deben aprender a vivir la sexualidad de un modo
diferente: "jugar" con su cuerpo independientemente de las
"incapacidades" que presente; descubrir sus propios deseos sexuales,
estén o no éstos relacionados con lo que socialmente se debe de
"hacer" y "sentir", ver el cuerpo como un todo, donde el placer, la
ternura y las relaciones no son aspectos reservados a los cuerpos
totalmente sanos.
Se sabe que...
-Tiresias, el
personaje mitológico que tuvo el don de ser de un sexo por un tiempo
y luego del otro, recibió un buen día la visita de Zeus y Hera, la
pareja célebre por sus disputas conyugales. (...) lo que fueron a
preguntarle era esto: ¿quién puede disfrutar más en la relación
sexual, el hombre o la mujer? Claro, Tiresias había sido las dos
cosas. Entonces, podía responder a la pregunta. De hecho, Zeus, como
buen representante del sexo masculino, opinaba que quien más
disfrutaba era Hera. Y ésta, encabritada, dijo que de eso nada. Que
el hombre llevaba todos los privilegios y que eso no iba a ser
distinto. Que era el hombre. ¿Qué dijo Tiresias? Aquella especie de
sexólogo se encontraba en un apuro nada cómodo. Conocía bien lo que
traía a Hera a su “consulta sexológica”. Pero Tiresias, en un alarde
de sinceridad, respondió: “Verdaderamente es más agradable y
placentero ser mujer”. ¿Sabéis como le pagó Hera la consulta?
Mandando que le sacaran los ojos a Tiresias.
gentileza:
www.discapacidad.gov.co