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discapacidad intelectual y la sexualidad
10 de enero de 2006
- Las necesidades sexuales de las
personas con cualquier tipo de discapacidad son las mismas que las de otras
personas. Las necesidades de afecto y de intimidad son inherentes a la
naturaleza humana. Su satisfacción contribuye a mantener el equilibrio
psicológico y emocional de la persona.
Sin embargo, debido a sus circunstancias, el reto al que se enfrentan las
personas discapacitadas en general es mucho mayor que el del resto de la
población. En muchos casos, las personas con discapacidad intelectual son un
claro de ejemplo de necesidades sexuales frustradas. Y esto se debe −en gran
parte− a que las personas de su entorno no logran reconocer, identificar y
resolver las necesidades sexuales de estas personas.
Casi por tradición se ha intentado
relegar a un segundo plano la sexualidad de la persona. Peor suerte han tenido
las personas discapacitadas, en quienes se ha tendido a negar la existencia de
la sexualidad. Con demasiada frecuencia se les ha considerado −erróneamente−
personas asexuadas.
Afortunadamente, se está comprendiendo de forma cada vez más clara que la
educación sexual es un derecho para todas las personas, incluyendo a aquellas
que sufren de alguna discapacidad. De hecho, la educación y la información son
más importantes en este tipo de población debido a que sus circunstancias suelen
requerir de mayores cuidados y precauciones.
La discapacidad intelectual se refiere a las limitaciones significativas que
enfrenta la persona en su funcionamiento intelectual y en sus habilidades
adaptativas −prácticas, sociales y conceptuales−. No obstante, tanto el
funcionamiento intelectual, como las habilidades de adaptación pueden mejorar
con la orientación adecuada. En este sentido, el grupo de apoyo es vital para la
persona discapacitada.
Lógicamente, el tipo de situaciones a las que se puede enfrentar una persona con
discapacidad intelectual variará dependiendo del grado de discapacidad que
presente. Paradójicamente, en personas con una discapacidad mínima los
conflictos pueden ser mayores −porque a menudo son más conscientes de que desean
una vida como la de cualquier otra persona−.
Sus necesidades, como las del resto del mundo, son de seguridad emocional y
autoestima en el ámbito social. No es menos importante la necesidad de intimidad
afectiva y sexual. No obstante, son muy pocas las personas con discapacidad
intelectual que cuentan con algún tipo de intimidad. En muchos casos ni siquiera
tienen acceso a un espacio íntimo.
gentileza
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