
José Mantero. Ordenado sacerdote católico en 1986, fue
suspendido a divinis en febrero de 2002 por haber
declarado públicamente y dando gracias a Dios- su
homosexualidad.
Leo los datos de una vieja encuesta
aparecida en la página principal de www.chueca.com , sobre las
preferencias sexuales de 402 varones de orientación homosexual.
A los individuos encuestados se les ha pedido definirse con respecto
a una triple alternativa, sólo en apariencia fácil, pero que –se lo
juro, no me estoy riendo… ahora-, en un análisis algo más detenido,
trae cola: han de responder si, en sus relaciones sexuales con otros
varones (homosexuales o no, con lo que no se excluye ni a los
casados con mujer ni a los obispos), son:
•
Activos: gustosos de encalomar por popa el cuarto de kilo, un 27 %
de los encuestados;
• Pasivos: placenteros recibidores en carne propia de la ajena carne
en barra, un 32 % (obsérvese el aumento en la devoción rectal);
• Versátiles: piadosos partidarios del lema de nuestros reyes
católicos, tanto monta, monta tanto, Ezequiel como Fernando. Esta
tipología es aquella con la que antiguamente los varones profesos de
su orden se autodenominaban redondos. Se adscribe un 41 % de los
encuestados.
Interpretando los datos de tal muestra, a una mayoría de gays les
mola tanto dar como recibir; el resto, más o menos bien repartido,
es excluyente en sus penelidades y filiaciones rectales. Esta
encuesta no va a aportar nada, pues en la sexualidad lo más
importante no es la penetración, sino el juego amoroso, el mundo de
las expresividades, de la ternura, la oralidad menos tangencial… Sin
embargo, es curiosa. Aún se da socialmente la creencia de que hay
gays que hacen de machos y otros que hacen de hembras, cuando, en
Sabadell y en Pamplona, tan gay es el que da como el que toma, como
el que ni da ni toma…
En éstas, recuerdo con una sonrisa una de las muletillas más usadas
por mi profesor de San Pablo y Epístolas Católicas, y también de
Griego Bíblico en el Seminario de Sevilla, el benemérito dominico,
que en gloria esté, Padre Antonio García del Moral, auténtico
hontanar de sabiduría, ciencia y humanidad, y ejemplar sacerdote y
amigo: a los amigos, hasta el culo; a los enemigos, por culo; a los
indiferentes, aplíquese la ley vigente. Esto así, por su sólo peso,
se carga todas las encuestas que intentan derivarnos hacia proa o
popa. Extrapolando una vez a mi querido Padre Antonio, todos somos,
en alguna circunstancia al menos, activos y pasivos; esto es, todos
somos versátiles, gustosos de dar, gozosos de recibir en las
entrañas la querencia penalística del semejante, casados y prelados
inclusive.
Aunque, en algunos, la actitud fornicaria en tono de fastidio cansa,
así la de los últimos, los obispos católico-romanos españoles con
sus dimes, diretes y apostillas brillantes, a los cuáles les puede
ser aplicado otro de los axiomas de mi querido santo dominico: no me
importa lo que joden, sino lo continuo que lo hacen. Hic est locus.
El otro día, sin ir más lejos, vi por la tele a monseñor Antonio
Cañizares, arzobispo de Toledo y Cardenal Primado de todas las
Españas, que, en singular arrebato de santa sinceridad, dio en
hablar una vez más de su temida asignatura, Educación para la
Ciudadanía. El buen hombre se descolgó con una amenaza, velada pero
evidente, a los colegios privados concertados que colaboran en la
reforma del temario de la antedicha asignatura. “Están colaborando
con el Mal”, espetó. Y le vi quedarse tan tranquilo. Yo lo he puesto
con mayúsculas, por dos razones: primera, porque a Cañizares, cuando
se le entiende hablando, no se le perciben las mayúsculas orales
(como, por otra parte, ocurre con todo hijo de vecino); segunda,
porque más claro, el agua. Esto es: el Primado estaba acusando de
colaboracionistas con el Diablo a los colegios que colaboren, aunque
sea lejanamente, con Educación para la Ciudadanía.
Y yo, desde esta cátedra de entendimiento, me pregunto: ¿entenderá
el Diablo? ¿Será activo, pasivo, o tal vez redondo? Preguntaré a
monseñor, si me lo encuentro por el barrio. ¡Buen verano!
gentileza:
gaybarcelona.net