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España
el miedo obliga a los
adolescentes GLBT a llevar una doble vida
02.03.2007
El pasado miércoles, en
la sede de CC.OO. de Madrid se presentó el informe “Adolescencia y
sexualidad minoritarias. Voces desde la exclusión”. La investigación
que origina este informe da continuidad al estudio Homofobia en el
sistema educativo,que se llevó a cabo durante el curso 2004-2005.
“Tengo 15 años y el caso es que creo que a los jóvenes homosexuales
no se nos tiene en cuenta para nada. Es como si la homosexualidad
apareciera… no sé, a partir de los 18 o 19 años por lo menos”
(Vanesa, 15 años, Madrid).
La
actual investigación se centra en las diferentes vivencias de los
adolescentes gays, lesbianas, bisexuales y transexuales (LGTB). Su
objetivo va más allá de las carencias del sistema educativo en
relación a la diversidad afectivo-sexual, pretendiendo sacar a la
luz los problemas que sufren los adolescentes LGTB en la sociedad
española.
El informe ha sido elaborado desde la colaboración de la Comisión de
Educación de COGAM con el Departamento de Antropología Social y
Pensamiento Filosófico Español de la Universidad Autónoma de Madrid.
Se trata de un estudio cualitativo centrado en la experiencia de los
adolescentes que, en buena parte, ha utilizado Internet como
vehículo de expresión e investigación.
La investigación recoge las experiencias de soledad, marginación,
exclusión, insultos, agresiones, etc. comunes, en mayor o menor
medida, en los adolescentes LGTB españoles.
A pesar de los avances por la igualdad que está experimentando la
sociedad española, los adolescentes LGTB no lo tienen fácil. Este
estudio cualitativo, llevado a cabo mediante entrevistas en
profundidad a adolescentes que no son heterosexuales de entre 13 a
18 años de toda España, muestra que todavía corren serio riesgo de
exclusión en todos los ámbitos de su vida: familia, centro escolar,
grupo de amigos…
Las conclusiones
Ni el Sistema Educativo ni las instituciones destinadas al bienestar
de la juventud están preparados para aceptar la diversidad
afectivo-sexual que existe entre la juventud. Estas son algunas de
las conclusiones que se desprenden de este estudio de más de 100
páginas:
-
Siguen
existiendo muchas trabas para que un joven pueda reconocerse a sí
mismo, y ante los demás, como lesbiana, gay, transexual o bisexual.
- Sin embargo, la posibilidad de tener una pareja del mismo sexo, de
tener hijos, de crear sus propios modelos de familia, de ser
felices, comienza a aparecer como una posibilidad en sus horizontes
vitales.
- El insulto y la agresión, o el miedo a que se puedan dar, son una
constante en la vida de todos estos adolescentes.
- Este miedo les puede obligar a vivir dobles vidas que generan unas
considerables dosis de estrés y ansiedad.
- Se comienzan a detectar en algunas familias y centros escolares
actitudes de respeto y apoyo a su identidad sexual. No obstante, la
familia, la escuela y el grupo de amigos se convierten con demasiada
frecuencia en espacios de exclusión.
- No existen apenas espacios donde los adolescentes LGTB puedan
socializar, expresarse libremente y mostrarse como son sin correr
ningún riesgo. Los espacios destinados a los jóvenes no son espacios
libres de homofobia y los espacios específicos para homosexuales y
transexuales no están pensados para adolescentes.
- A pesar del considerable aumento en la aparición de referentes
LGTB, los medios de comunicación y los videojuegos siguen
presentando, en general, un marcado sesgo heterosexista. Sólo en
rarísimas ocasiones se acercan a la realidad de los jóvenes gays, y
casi nunca a la de las lesbianas y transexuales adolescentes. Esas
aproximaciones, además de ser escasas, suelen mostrar estereotipos
más que diversidad de realidades.
- Internet se ha convertido en un espacio liberador para las y los
adolescentes LGTB ya que les provee de información sobre la
sexualidad en general y la homosexualidad en particular. Les permite
además establecer contacto con otros adolescentes de su edad y
compartir experiencias.
- La situación de los y las transexuales adolescentes es de especial
desamparo, ya que existen muy pocos recursos a los que poder
aproximarse.
Testimonios
El informe
recoge los testimonios de numerosas adolescentes lesbianas, gays,
transexuales y bisexuales. A través de ellos se ha conformado un
mapa de la exclusión social de estos jóvenes:
“Tengo 15 años y el caso es que creo que a los jóvenes homosexuales
no se nos tiene en cuenta para nada. Es como si la homosexualidad
apareciera… no sé, a partir de los 18 o 19 años por lo menos”
(Vanesa, 15 años, Madrid).
“Recuerdo haber bajado a los baños de chicas y había en una de las
puertas: “Hay que matar a la secta de las lesbianas”. Estaban mis
iniciales puestas y las de mi novia. Le quise explicar a mi profesor
de filosofía. Le dije que era transexual y que no me tratara de
señorita porque no me gustaba y no lo hiciera más. El tío se lo tomó
a coña” (David, transexual masculino, 18 años, Barcelona).
“Mi vida fuera de las cuatro paredes de mi cuarto ha sido un
infierno; ningún heterosexual es capaz de imaginar lo difícil que es
salir a la calle cada día y tener que defender tu orientación con la
cabeza bien alta mientras la gente pretende hundirte en lo más
hondo. En mi anterior colegio, esas 6 horas era una constante
batalla de blasfemias contra mí. Me dieron una paliza en el Paseo
Nuevo de San Sebastián durante las fiestas de la Semana Grande, por
el simple hecho de ser gay”. (Jaime, 17 años, San Sebastián).
“No consigo relacionarme con la gente de una forma normal y natural.
Me siento bastante solo, distinto de la mayoría, no me siento
integrado y comprendido” (Pedro, 16 años, La Rioja).
“Desgraciadamente voy a un colegio de jesuitas, donde la homofobia
se respira todos los días en el ambiente. Especialmente por nuestro
tutor, que es cura, que suele dedicar horas enteras alimentando
tópicos de los homosexuales mediante indirectas”. (Vicente, 17 años,
Burgos).
“En el colegio me siento segura hasta cierta parte… no puedo cruzar
unos límites. Escriben cosas en la pizarra, como “Inés bollera” y
cosas por el estilo. Me consta que mi tutora del año pasado vio esas
pintadas y las borró como si nada” (Inés, Madrid, 16 años).
“Mi primer año escolar fue lo peor, lo peor… Siempre que pasaba yo
era como todo lo que es la fila: “¡Tápate el culo, tápate el culo!”
(Mané, 18 años, Madrid)
gentileza
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